Undine

Crítica de Maximiliano Curcio - Revista Cultural Siete Artes

Confirmándose como uno de los narradores cinematográficos contemporáneos más atractivos y originales, Christian Petzold nos deleita con su más reciente creación: “Undine”, presentada en último Festival de Berlín. En su mundo audiovisual parecieran tensarse las fuerzas realistas y oníricas, hasta adquirir vida propia bajo un concepto que reformula las mitologías de la que bebe su inspiración. De manera que “Undine” puede verse como una fábula, por medio de la cual Petzold utiliza el medio para trasponer dispositivos literarios. Allí, en ese espacio sagrado, comprende y vislumbra la esencia del cine, de su cine.

El autor admira la tradición del séptimo arte alemán, anclado en una mirada mitológica ejercida por el expresionismo de la primera era, a través de icónicos films mudos de W.F. Murnau y Fritz Lang. Thomas Mann hablaba del ‘stimmung’, o el espíritu de una era que interpretaba, mediante el artificio artístico, determinadas coordenadas históricas, sociales y culturales. “Undinde” representa una fundación conceptual como declaración de intenciones. Petzold visualiza un objeto de deseo y encumbra al mito femenino de la ninfa. En sus influencias sobrevuelan la sirena de Truffaut y también el fetiche obsesivo de Hitchcock. El responsable de la trilogía “Barbara”, “Phoenix” y “Transit” no podría aplicar mejor a aquella selecta etiqueta que atravesó la cinefilia dorada a las puertas de la Nouvelle Vague. Autor, con todas las letras.

La base argumental de esta historia moderniza la simbología presente en la novela corta del ‘erzählung’ escrito por Friedrich de la Motte Fouqué, revalorizando el sentido de una adaptación fílmica. La perspectiva y el punto de vista particular del autor son vitales aquí. Vuelta a los orígenes del cine que no independiza su función del vehículo literario, aunque escandalice el epíteto de arte sucedáneo a las teorías menos conservadoras, la transposición respeta el espíritu de la obra original. El director recurre a la misma dupla actoral de su anterior largometraje; quizás sendos personajes interpretados arrastren presencias fantasmales de un pasado hecho de trazos de ficción.

En “Undine”, rodada en menos de un mes, el relato oral conserva cierta permanencia romanticista. Petzold no descuida la mirada histórica sobre Berlín ni soberbio tratamiento estético al amplio sentido metafórico en el que abreva el menú. Hay vida subacuática en el río cruzado por Heráclito. Hay un cauce seco donde florecerán nuevas ideas. El agua funciona como elemento disparador, y resulta una llave de acceso a la propia cosmogonía del autor, de cara a una próxima trilogía. Interesante resulta pensar en seriales conceptuales y patrones de correlación para prolongar una mirada conceptual. Sobre todo en tiempo de nimios productos seriados y franquicias concebidas para superhéroes de cartón.

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