Una pistola en cada mano

Crítica de Marcelo Cafferata - Revoleando Butacas

Vulnerables

*** J (Leonardo Sbaraglia) sale quebrado de su sesión de terapia. Se reencuentra fortuitamente con su viejo amigo E (Eduard Fernandez) y cada uno desnudará lo ocurrido en esos años, tanto como cada uno pueda.

*** S (Javier Cámara) lleva a su hijo a la casa de su ex, Elena (Clara Segura). La percibe radiante y cree que es el momento para confesarle algo que viene rondando en su cabeza hace ya algún tiempo.

*** G (Ricardo Darín) sigue a su mujer a la salida del trabajo. Finalmente ratifica que entró al departamento del que supone que es su amante. En la plaza, mientras espera, L (Luis Tosar) pasea a su perro y entablan un diálogo azaroso ... o no tanto.

*** P (Eduardo Noriega) después de un típico festejo y brindis dentro de la oficina hace lo imposible por llamar la atención de M (Candela Peña). No sabe cómo abordarla pero siente que es el día en que tiene que animarse.

*** Dos parejas amigas van a un festejo en la casa de un amigo en común. Maria (Leonor Watling) le ofrece a A (Alberto San Juan) llevarlo en su coche, mientras casi "en cruzado" su marido (Jordi Mollá) se encuentra en la vinería con la mujer de A, Sara (Cayetana Guillén Cuervo). Ambas mujeres saben mucho más de lo que sus maridos se han contado entre ellos. Ya que tanto alardean de hablar de cosas importantes, será el momento en que estos hombres tengan que profundizar un poco más?

¿Qué tienen en común todas estas pequeñas historias?

Que son las cinco historias que ha elegido el director catalán Cesc Gay para conformar "Una pistola en cada mano", una mirada a la masculinidad, ya pasados los 40 -lejos- y abordar sin pudor todos sus conflictos, sus dudas, sus inseguridades, los prejuicios y sus zonas más oscuras.
Y lo hace como siempre, presentando las situaciones con suma naturalidad, con diálogos frescos donde nada suena impostado -como en tantos otros guiones donde se ponen a declamar una filosofía de la crisis de los cuarenta- y sobre todo, regándolos de muchísimo humor, no exento de ironía y de esa amargura típica de hombres en crisis. Cesc Gay indudablemente sabe muy bien de qué está hablando, y esa complicidad de él con sus personajes, se transmite fuera de la pantalla y lo ayuda a escaparse de cualquier convencionalismo: sus personajes ni hablan de fútbol, ni de cómo levantar mujeres, ni de lo que el imaginario popular supone. Hablan de sus sentimientos, se desnudan, se exponen y es allí donde hacen la diferencia.

Todos los personajes masculinos de "Una pistola en cada mano" están Cesc Gay sabe retratar en forma brillante y meticulosa.
fracturados, vulnerables, rompiendo absolutamente los arquetipos del hombre que no se quiebra, que no llora, que tiene que ser fuerte. Justamente en uno de los episodios, los protagonistas intentan recordar el nombre de ese actor duro, con una fuerte presencia... y les cuesta encontrarlo hasta que John Wayne aparece, irrumpiendo como una figura totalmente contrapuesta a todos estos antihéroes, que

Si en "Krampack" habia logrado mostrarnos una historia típica de adolescentes en plena ebullición y crecimiento, ya en "En la ciudad" y "Ficción" abordó el universo de personajes ya pasado los treinta y pico. Y mucho más maduro y con un guión que podía ser leído en diferentes capas, que ingeniosamente había que ir demudando poco a poco, logró convertirse definitivamente con "V.O.S." en una de las figuras más interesantes del cine español actual, con un estilo diferente, más independiente, más cercano al cine de Ventura Pons, los primeros trabajos de Alex de la Iglesia o de Alejandro Amenabar.

"Una pistola en cada mano" lo encuentra como un contador de historias consolidado, que sabe en pocos minutos llegar a comunicarnos directamente el centro de estas historias tan complejas para sus protagonistas. Como siempre sucede, en un film de episodios (por más que luego tengan un lugar en donde se comuniquen, que tampoco interesa demasiado a la trama) habrá historias que gusten más y otras que parezcan menos elaboradas.
Pero todas ellas tienen este perfil de hombres que no saben como comunicarse, temerosos de tomar las riendas de algunas situaciones, que no pueden enfrentar algunos cambios, que luchan por dejar atrás lo que no fue, que temen aceptarse y asumirse tal cual son.

Y no hay mejor dream team actoral que el que ha sabido conformar y con el que puede potenciar sus diálogos con personajes que cada uno de sus actores ha modelado amorosamente.
Tan sólo en una pequeña situación que se presenta, pueden lograr mostrar con todo su oficio y transmitir lo que les pasa tan sólo con un pequeño gesto, en una mirada, comunicarnos todo con sólo un abrazo, un silencio, una sutil reacción frente a la palabra del otro.

El elenco masculino es compacto, sin fisuras, todos ellos y cada uno en su rol, entregan una composición acertada y puntillosamente trabajada.
En particular Javier Cámara en su episodio y la dupla Ricardo Darin-Luis Tosar me parecieron las actuaciones más llamativas del equipo y la de Eduard Fernandez (quien ha logrado también el premio de la Asociación Española de Actores y el Premio Gaudi) que es quien mejor imprime ese registro vulnerable y herido que recorre también todos los relatos.
Candela Peña (que ha logrado el Goya a la mejor actriz de reparto) está absolutamente deliciosa y se lanza a jugar con un papel que la muestra espontánea y desenfadada y hay un buen tandem en Leonor Watling y Cayetana Guillén Cuervo en el episodio final.

Para los amantes de esas películas con diálogos inteligentes, que actúan como un espejo cargado de sinceridad, esas que muestran a sus personajes como en la vida misma, sin grandilocuencias ni pretenciones, sino en la cotidianeidad de sus historias, no se pierdan "Una pistola en cada mano", otra pequeña gran película de Cesc Gay.