Un piso para tres

Crítica de Santiago Balestra - Alta Peli

Una commedia all’italiana con unos personajes deliciosos.

Muchas comedias provenientes de Italia tienen la particular distinción de contar no tanto la historia de un personaje sino de varios. La película que nos compete, con un humor que radica menos en lo físico y más en el precepto de “es gracioso porque es cierto”, entrega una gama de personajes, en donde cada uno esta ricamente desarrollado.

¿Cómo está en el papel?

Esta peli cuenta la historia de tres padres divorciados que han conocido tiempos mejores: Ulises (Carlo Verdone, también director de la película), un otrora productor musical que ahora se limita a vender discos de vinilo; Fulvio (Pierfrancesco Favino), un crítico de cine caído en desgracia que ahora escribe columnas de chimentos; y Doménico (Marco Giallini), un charlatán y ventajero agente inmobiliario que es la corporización absoluta de lo que los Argentinos conocemos como “chanta.”

La situación actual ––económica y de vivienda–– de los personajes no está en su mejor momento, así que Doménico les propone a los otros dos protagonistas compartir el alquiler de un mismo departamento. A partir de ahí, la película desarrollara las diversas situaciones hilarantes que derivan de esta peculiar convivencia.

El punto más sólido de esta película es el desarrollo de sus personajes. Aunque se justifica el por qué viven los tres ahí y haya suficientes escenas ilustrando la convivencia de tres individuos tan distintos, la gran carne del relato esta, no obstante, en las historias individuales de cada uno de los personajes.

Estos poseen una multidimensionalidad que los hace humanos, identificables y queribles. Esta se establece por medio de flashbacks ––tal vez forzados, pero siempre al grano y con el tiempo justo–– en donde nos enteramos que estos caballeros no son ningunos santos; ni buenos ni malos, solo gente, como vos o yo. Esto acentúa el peso que tienen las acciones del pasado sobre ellos, y contribuye levemente a lo que creo es la temática de la película, que es la dificultad de dejar el pasado atrás; cuyo símbolo más potente esta en el cinturón propiedad de Jim Morrison, que Ulises no quiere vender por nada del mundo.

Aunque cada personaje tiene su peripecia, la que más destaca es la que está protagonizada por el propio director de la película. En esta, inicia un idilio con la atractiva cardióloga que atiende al personaje de Doménico. La chispa del personaje, amén de sus sendos problemas médicos y emocionales, son los componentes que arman una química perfecta junto con el personaje de Carlo Verdone.

Con esta historia sola, ya tenemos suficiente para una buena película; las de los otros personajes y la historia de la convivencia en si están, en mi opinión, de mas. Pero como Verdone les presta la misma cantidad de atención, al igual que les provee de un desarrollo y conclusión satisfactorias a todos los arcos de personaje, no solo se la voy a dejar pasar, sino que se la voy a aplaudir.

¿Cómo está en la pantalla?

La película tiene una fotografía y un montaje muy sobrios. Es entendible; siendo esta es una película donde la interpretación esta adelante de todo. Pero eso sí, felicito a Carlo Verdone por el jugo que le sabe sacar a los planos generales, aprovechando la extensión del Cinemascope para hacer un despliegue notable de puesta en escena.

Los tres actores de la película, así como Micaela Ramazzotti ––quien da vida al interés romántico de uno de los personajes––, entregan todos excelentes interpretaciones por igual; son el cemento que sostiene la estructura de hierro en la que se mueve la película. Funcionan bien tanto separados como en grupo.

Conclusión

Aunque saca pocas risas, esta película llega a buen puerto narrativamente hablando, por el cuidado ––y sobre todo la atención–– que Carlo Verdone le dedica ––tanto en el papel como en la pantalla–– a cada uno de los personajes; tanto individual como en su interrelación con los otros. Un titulo disfrutable, sobre todo para quienes gozan de estos particulares retratos corales.