Un ladrón con estilo

Crítica de Pablo O. Scholz - Clarín

Esta película va a ser recordada, si Robert Redford cumple con su palabra, y no hay por qué pensar que no, como la despedida de la actuación del intérprete de Butch Cassidy, de El golpe, de Africa mía, de Todos los hombres del presidente.

Redford, hoy de 82 años, ha forjado una carrera delante de la cámara como mucho más que un galán. En los filmes mencionados dio sobradas muestras de talento y de crear empatía con el público. Eso que llaman carisma, Redford lo tiene en demasía.

Y así es que decidió dejar la actuación para seguir en la producción y/o la dirección, y aceptó la propuesta del realizador David Lowery, quien lo había dirigido en Mi amigo el dragón para encarnar a Forrest Tucker, un ladrón de bancos real, que escapó 18 veces de prisión.

Lo cierto es que ni Tucker, ya septuagenario, ni Redford necesitaban trabajar. Es la adrenalina lo que los mueve.

Tucker, que guardaba los botines de sus robos debajo del piso de madera de sus casas, siguió asaltando bancos con dos compinches también viejitos, aquí encarnados por Danny Glover (Arma mortal, la película) y Tom Waits.

Y lo cierto es que Tucker le calza como un guante a Redford. El tipo era comprador hasta el extremo de que cuando el policía que interpreta Cassey Affleck pregunta a los gerentes de las entidades robadas cómo era el asaltante, siempre le responden que era amable.

“¿Está sonriendo?”, se pregunta cuando lo descubre en una filmación de las cámaras de seguridad.

Sí.

Tal vez Un ladrón con estilo, que transcurre en los ’80 y tiene la gráfica y hasta la manera de estar filmada de las películas de la época, no sería lo mismo sin Redford. Pero quién mejor puede construir también una historia de amor adulto, maduro, con el personaje que interpreta Sissy Spacek.

Obvio que Lowery le puso enfrente actores como para que le devuelvan cada diálogo como si fuera una pared en el fútbol: cortita y al pie.

Y también incluye, en imágenes, fragmentos de La jauría humana, donde vemos aun Redford jovencito.

Sí, Un ladrón con estilo puede pasar como un homenaje a Redford, quien ya no sonreirá más ni nos guiñará un ojo, pero no uno indulgente o de mirada condescendiente, y el que nos deleita es él.