Un Gauchito Gil

Crítica de Cristian A. Mangini - Fancinema

FOLKLORE ONÍRICO

En su ópera prima, Joaquín Pedretti toma grandes riesgos narrativos al operar en el campo popular a través de la figura del Gauchito Gil, construyendo un relato hermético y críptico cuyo guion naufraga por momentos sin brújula, pero que entrega algunas secuencias de lirismo que lo hacen una voz valiosa a pesar de las imperfecciones del film. Su duración de apenas una hora y minutos hace a Un gauchito gil por momentos parecer un ejercicio cinematográfico con recursos experimentales, pero afincándose en algunos elementos de la conocida leyenda popular, sin profundizar demasiado en ofrecer un marco explicativo que dilucide los simbolismos que atraviesan la historia.

El film arranca con la sobreimpresión de distintas imágenes en el paisaje salvaje de Esteros del Iberá. La edición confusa en este segmento otorga un clima febril a la introducción, dando la idea de una amenaza latente que se emparenta con los atmosféricos cuentos de Horacio Quiroga que se sitúan en el litoral. El enrarecimiento, la presencia invisible de la muerte, la desorientación y la supervivencia como un factor clave son algunos de los elementos que se repiten como un eco en la narración y se encuentran emparentados con los intensos relatos de Quiroga.

Luego tenemos la parte más lineal y ordinaria de la narración, donde podríamos ubicar una sinopsis más o menos coherente -la imagen del ganado y el niño cobrará relevancia mucho más tarde-: Héctor (Celso Franco), un peón de campo, se encuentra visiblemente malherido y enfermo, en la búsqueda desesperada de un niño que, presumiblemente, se encuentra en mal estado. En su camino se cruzará con un paisano llamado Cruz (Jorge Román) que se encuentra en otro tipo de búsqueda, la de cuarenta cabezas de ganado que fueron robadas. Sus destinos parecen encontrarse entrelazados e inician su viaje a través de un pantano en el cual Héctor será mencionado como Antonio por Cruz, el nombre del santo que da nombre a la película. Si este personaje está encarnando el destino del santo popular a través de ese pantano mágico es uno de los misterios que la narración deja sin responder hasta el final, con un plano que hace referencia al final del Gauchito Gil en la leyenda.

Las imágenes de extraños rituales paganos en la selva, la presencia alucinatoria de personajes que aparecen y desaparecen de la narración y los diálogos confusos, sumados a una propuesta estética prácticamente monocromática, hacen de Un gauchito gil un relato por momentos confuso que se hubiera beneficiado de un marco narrativo más sólido.