Un dios salvaje

Crítica de Juan Campos - Loco x el Cine

El infierno son los otros.

En la obra teatral A puerta cerrada, el francés Jean Paul Sartre postula que el infierno no es un lugar lleno de azufre y demonios que nos torturan por toda la eternidad, sino que está mucho más a mano y es algo mucho, pero mucho, más vulgar: nuestro infierno, el infierno del ser humano moderno, son los demás, la gente que nos rodea, y estar encerrados con gente poco afín a nosotros puede ser lo más terrible que nos puede pasar.

Con una postura similar, la dramaturga Yasmina Reza creó Un dios salvaje, una historia en donde dos parejas de padres, a puertas cerradas, discuten un accidente que involucró a sus hijos: uno le dió un golpe en la cara al otro y le rompió varios dientes.

Lo que comienza como una educadísima puesta en común de la situación pasa a convertirse en una lucha verbal sin cuartel, en donde ya no es una pareja contra la otra, sino que se arma un todos contra todos en donde el juego de las complicidades va tomando diferentes matices: hombres contra hombres, mujeres contra mujeres, marido contra mujer, etc.

Roman Polanski, en su adaptación, creó un ambiente completamente teatral, en donde los cuatro actores despliegan su verborragia en apenas un decorado: el interior del departamento, limitando las escenas fuera de él a apenas un par que no deben ocupar ni diez minutos del metraje. Encerrados a voluntad, a diferencia de los personajes de Sartre, estas dos parejas se exponen a los ataques de los otros que no solo van por el lado de cómo se cría a un hijo, sino que con el correr de la discusión comienza a tomar tintes más personales, llegando a la moral y a la filosofía de cada uno.

Los participantes de esta reunión son, como mencionamos, cuatro: la pareja formada por los dueños de casa Penélope y Michael Longstreet (Jodie Foster y John C. Rilley) y la pareja compuesta por Nancy y Alan Cowan (Kate Winslet y Christoph Waltz). Los primeros son, de alguna forma, más mundanos: ella es una intelectual preocupada por los temas sociales de África y él un vendedor de elementos para el hogar. Los Cowan, por su parte, son una pareja de profesionales y, sobre todo en Alan, se ve el dominio del trabajo por sobre la familia en sus constantes interrupciones para hablar por teléfono con sus clientes, los dueños de un laboratorio que lanzaron al mercado un remedio que puede llegar a ser peor que la enfermedad.

Los problemas de la modernidad, la incomunicación, los egos y el orgullo son los temas principales de esta historia, en donde pronto la pelea de los chicos queda en segundo plano para dar rienda suelta a una crítica social en donde nadie se salva. Todos, a su manera, pecan de algo, y todos son igualmente expuestos ante el brillante ojo de Polanski, que no solo logra captar absolutamente todo con una sencillez poco vista en él, sino que logra exprimir hasta lo último a sus cuatro intérpretes que dan una de las mejores actuaciones de sus vidas.

@JuanCampos85