Un dios salvaje

Crítica de Isabel Croce - La Prensa

Las razones para una dicusión

El espectador que espere al Roman Polanski clásico, encontrará a otro, quizás más escéptico, reflexivo, pero fiel al espíritu crítico que lo ha caracterizado siempre. Por algo eligió ahora a una autora tan cuestionadora como Yasmina Reza, la misma de "Art" y otras piezas, estrenadas con éxito en Buenos Aires.

Aquí el tema es sencillo y con sólo cuatro personajes. El motivo de la reunión de estos adultos occidentales y cristianos es una pelea en la plaza entre los hijos de cada una de las parejas, con el saldo de dientes rotos y hematomas variados. Nada demasiado trascendente. La liberal Penélope Lonstreet, amante de la ecología y la paz, decidió reunirse con los padres del agresor para una conversación clara, de la que todos puedan salir convencidos de que fue una circunstancia simple, todo pasó y tienen los mejores hijos del mundo.

La reunión es en un departamento de Brooklyn, donde Penélope vive rodeada de libros de arte y en la compañía de un marido bromista, burgués en ascenso, más bien simplón. Los Reilly integran una pareja de ricos americanos, él abogado y ejecutivo farmacéutico, un Jim frío y absolutamente despreocupado de todo lo que no sea su trabajo y sus negocios, a los que permanentemente accede via celular. Su mujer es rubia y atractiva, señora de "té y canasta".

EN LA REUNION

Lo que se inicia como una civilizada reunión de adultos racionales, paulatinamente se va transformando en un ring de box, donde las voces suben, las mentes se obnubilan, lo irracional aflora y cada uno, en la discusión va sacando lo peor de ellos mismos.

Basada en la obra teatral "Le dieu du carnage" de Yasmina Reza, el filme no deja el ambiente claustrofóbico en que se desarrolla y sin raccontos ni inserts se transforma en un formidable juego de ideologías en disputa, hasta llegar a los insultos y la degradación -que comprende la discriminación, los prejuicios y las contradicciones- demuestra que largos años de "educación y cultura" pueden durar instantes, cuando las propias opiniones no coinciden con las de los otros.

Diálogos filosos, argumentaciones traicioneras, muestran la fragilidad de la paz cuando la intolerancia se oculta. Jodie Foster hace un buen trabajo de la señora ambientalista, tan al borde de la histeria como su visitante. El resto de los actores están cómodos en sus personajes, que muestran lo peor de cada uno en lo que se inicia como una conversación aparentemente intrascendente y conciliadora.

El austríaco de "Bastardos sin gloria", como el abogado Reilly, se luce en su actuación sin llegar a algunos desbordes con los que a veces Jodie Foster irrita.

Muy bien Kate Winslet en un personaje que llega al borde pero no cae en el vacío.