Un dios salvaje

Crítica de Alberto Harari - MI CINE - por halbert

"BUENAS ACTUACIONES EN UN FILME ´TEATRAL´"

Aclamada por la crítica y el público, la obra de teatro en la que se basa este último filme de Roman Polanski, obtuvo un gran éxito en París, Londres y Broadway, tras su estreno en 2006, y ganó varios galardones en los premios Olivier y Tony de teatro.
La obra en cuestión es “Un dios salvaje” (“Le Dieu du carnage” en su original), escrita para las tablas por la exitosa Yasmina Reza (“Art”, “Tres versiones de la vida”).

La trama se enfoca en cuatro personajes, dos matrimonios específicamente, que han generado un encuentro en el departamento de uno de ellos, para solucionar, civilizadamente, un episodio violento entre los hijos de ambos.
Aparentemente, una lucha escolar entre los niños de 11 años terminó con uno de ellos lastimado.
Al principio, el diálogo entre las dos parejas va bien y transcurre cordialmente.
Pero poco a poco, la charla entre la inversora de bolsa (Kate Winslet), la escritora activista (Jodie Foster), el vendedor de artículos para el hogar (John C. Reilly) y el ocupado abogado (Christoph Waltz ) va subiendo de tono, y las buenas intenciones dan paso a una esgrima oratoria que saca lo peor de cada uno de ellos.

Casi tan importante como los cuatro personajes es el escenario. Construido en unos estudios de las afueras de Paris, el plató fue creado por director artístico Dean Tavoularis, dando vida detalladamente a un apartamento neoyorkino de lo más realista, “inventando” las ventanas que dejan ver la calle y los cielos de NYC. Así, ya sea desde el living, como desde la cocina o el baño, se permite un mayor respiro al encierro que implica ver la película toda puertas adentro.

Los personajes se mueven todo el tiempo, para dar mayor dinamismo a la puesta, incluso “sacándolos” al pasillo del edificio sin que la charla se suspenda. Hay instancias de mayor climax y otras no tanto, pero claramente, el filme se basa en la excelencia de las performances actorales. Winslet, Foster, Waltz y Reilly se sacan chispas durante los 75 minutos, en tiempo real, que dura el filme, pues prácticamente no hay elipsis.

Mejor le había ido al director con su adaptación de la obra "La muerte y la doncella", de Santiago Dorfman, protagonizada en 1994 por Sigourney Weaver y Ben Kinglsey.Ver “Carnage” en pantalla es casi como verla en una sala de teatro, lo que le puede restar puntos a esta adaptación cinematográfica hecha por Polanski y Reza.