Un día gris, un día azul, igual al mar

Crítica de Paula Caffaro - CineramaPlus+

MAR DE AMOR

Alcanzar la felicidad es el deseo de toda la humanidad pero el método para conseguirla es un íntimo proceso de aprendizaje que muchas veces resulta fallido, agotador o imposible. Superar los obstáculos y resurgir son las premisas para conseguir la clave de acceso a este idílico estado de plenitud física y espiritual. Un día gris, un día azul, igual al mar es el filme de Luciana y Malena Terribili quienes se atreven a contar una historia de amor audaz ubicada en el corazón de un barrio gitano en Granada, España.

Carmen es una joven gitana que vive presa de su demandante padre y una madre enferma, casi ausente. Sus horas diurnas transcurren en el silencioso encierro que día a día debe soportar encargada de la limpieza de la casa, el aseo de su padre y la comida de toda la familia. Sin un futuro prometedor y con continuos rechazos laborales, Carmen vive al día. Pero todo se transforma por las noches cuando, en profundo secreto, Sheila llega a su departamento para dormir juntas. La oscuridad nocturna es la cómplice de este amor intenso y prohibido que supera todos los límites establecidos. Obligadas a esconderse de las acusadoras miradas externas, las jóvenes deben callar sus risas y confesarse al tono de un susurro. Carmen deberá tomar una decisión; atreverse a dar el salto porque Sheila no quiere perder más el tiempo. Ella necesita vivir su amor libre de prejuicios.

Con estilo costumbrista y centrada en un registro documental, la película intenta reflejar, de la manera más objetiva posible, la realidad social de la comunidad gitana en España. El punto de vista se presenta ubicado en remarcar los contrastes existentes entre aquellos que viven inmersos en la vorágine citadina y los otros, ese grupo de excluidos que no tienen más opción que cuidar de los ancianos o limpiar baños. Sensible a la hora de narrar y con imágenes que buscan crear un efecto realista, la identificación con los sueños de la protagonista es inmediata. Cada vez que el ruido de los motores de la moto de Sheila se detienen bajo su ventana, sólo queda esperar ese momento espiritual de celosa oscuridad en donde todo se vuelve posible.

Crítica cuando denuncia y perceptiva cuando relata la historia de las dos muchachas, Un día gris, un día azul, igual al mar es la representación de las constantes oposiciones que deben sufrir aquellas personas que por algún inexplicable motivo han quedado relegadas a la periferia de la sociedad. ¿Quién delimita el afuera del adentro? ¿No será que los encerrados son los que creen ser libres? Dominados por la superficialidad de las publicidades que muestran un mundo perfecto inexistente han perdido la capacidad de ver más allá de sus burguesas narices. “Algo bueno tiene que pasar” y ese será el comienzo de una historia de amor que, como el movimiento propio del mar, pueda existir en libertad.

Por Paula Caffaro
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