Un amor imposible

Crítica de Isabel Croce - La Prensa

Un tradicional planteo parece encaminar al espectador hacia un aparentemente convencional romance entre una empleada pública provinciana y el traductor de una base americana en París. Esa primera parte, lineal, imprevistamente rechina ante la desconfianza por parte de Philippe ante el descubrimiento de la existencia del padre judío de Rachel con dinero en tres países (poco, según la hija). Si el traductor revela especial interés en el capital del padre de Rachel, también muestra un tono racista en el que la chica no parece reparar.

La segunda parte exhibe la ambigua personalidad de Philippe y el lugar de la mentira y la hipocresía en la relación. Se dice enemigo del matrimonio y regala un hipocampo (símbolo de la fidelidad) a la amada, para luego casarse con otra y traicionar a la joven sin remordimientos. Una ideología más a tono con la de los libros que le regala a Rachel ("Así hablaba Zarathustra" y "Más allá del bien y del mal", de Nietzsche). En contraposición se expone la ingenuidad de la chica, esperanzada con su embarazo y la desaprensión del tal Philippe al negarse a reconocer el futuro hijo (la pequeña Chantal).
La tercera parte (que no adelantamos respetando al futuro espectador) confirma lo esperado y abarca la lucha por vivir de la mujer sola, su hija Chantal y cómo el desarrollo de la relación va a ir virando hacia situaciones inesperadas que exponen la realidad con toda crudeza.

AUTOFICCION
La directora Catherine Corsini, habituada a manejar el imaginario femenino, decidió llevar al cine el libro del mismo nombre que Christine Argot publicó hace dos años. Argot conmovió el mundillo literario hace dos décadas cuando apareció "El incesto", una autoficción que escandalizó a los lectores y cuyas reiteración temática en libros posteriores reveló que cierta continuidad de contenido no chocaba con la búsqueda de la originalidad y que la autora confirmaba un talento puesto en duda en su primer libro.
Temas como la desigualdad social, los prejuicios del entorno, el autoritarismo machista, la sumisión femenina, el antisemitismo, la hipocresía y la posible redención sobre actitudes enfermas en la juventud son temas que los 135 minutos del filme exponen.

Hay que destacar los trabajos de la belga Virginie Efira en una rica indagación interior, la adolescente Estelle Lescure, efervescente y espontánea, y Jehnny Beth, del grupo Savages, como Chantal adolescente y adulta.
Imperdible el diálogo final, que con buen soporte musical y ciertos elementos redundantes permite valorar las actuaciones de Virginie Efira y Jehnny Beth. El pase de cuentas y pedido de reflexión de la hija sobre la madre, subrayando una suerte de venganza de clase y una ignorancia sobre el hecho de ser humillada, marca la diferencia de actitudes generacionales ante el abuso patriarcal. Un filme inteligente y una directora a seguir.