Transformers 3: El lado oscuro de la luna

Crítica de Martín Morales - MM Críticas

CINE SUPERFICIAL AL 100%

Michael Bay es un gran creador de pirotecnia, tiene una habilidad innegable para crear despliegues visuales imponentes y muy atractivos, pero le faltan dos cosas que hasta el mismísimo productor de esta película (Stephen Spielberg, uno de los maestros de los efectos especiales) nunca se olvida de llevar adelante: sentido y emoción, cuestiones que en esta tercera parte hacen falta desde la primera escena.
En 1969 el Apollo 11 llegó a la Luna, pero lejos de encontrar paz y de demostrar ese gran paso para la humanidad, allí se topan con una extraña nave alienígena y con cinco aparatos que parecen ser de mayor importancia para el futuro de la Tierra. Los Autobots van a tener que organizarse y planear una perfecta estrategia para poder desplazar del planeta a los Decepticons, ahora comandados por Sentinel Prime, e impedir que se apoderen del mundo.
La película da comienzo con un prometedor prólogo en el que se dio una vuelta de tuerca interesante a la situación espacial de la década de los 60. Principalmente, se hace alusión a la llegada del hombre a la Luna y el verdadero sentido de esa misión. A su vez, se utiliza material de archivo para crear un realismo mucho más atractivo y atrapante. Cuando llega el momento de finalizar con esta introducción, con la presentación del título del film, la cinta empieza a encontrar y a desarrollar problemas que, al igual que en la segunda parte de esta historia, no permiten que el argumento avance ni que la acción se vea justificada.
Por un lado, se plantea el relato de los Autobots, el descubrimiento de Sentinel Prime y el plan que los Decepticons tienen para recuperar su planeta, todo ésto planteado con una visual que en todo momento se destaca, con grandes movimientos y escenas de acción muy bien logradas. Por otro lado, se desarrolla la vida de Sam, quien está buscando un trabajo y quiere volver a formar parte de las aventuras que interrumpieron su pasado y cambiaron su ritmo de vida. Es aquí donde aparecen los primeros problemas de la película. Hay una incoherencia horrible en cada una de las transiciones que pasan de un punto de vista al otro, se hacen cambios bruscos de la música y se invoca, continuamente, a un espíritu "American Pie" que está de más y que, en vez de divertir, funciona como un exponente de ridiculez que innecesariamente alarga la historia. Los primeros treinta minutos de la vida de Sam tranquilamente se pudieron quitar, ya que no aportan nada a la historia y solo están de relleno para desarrollar ese tipo de humor y mostrar las curvas de la nueva novia del personaje.
En términos argumentales es muy difícil entablar una comparación con las demás películas de la saga o con otras parecidas del género, porque prácticamente no tiene una historia ni un argumento que se vaya nutriendo y enriqueciendo mientras los minutos van pasando, es tan solo el planteo de una guerra alienígena en la Tierra.
Uno de los principales problemas de la segunda parte de "Transformers" era que en las escenas de acción no se entendía qué estaba sucediendo ni quién estaba atacando a quién. Aquí, Michael Bay prestó un poco más de atención en la elaboración de dichos momentos y, aunque no están del todo claros, hay un abuso de la cámara lenta innecesario y no hay toma que dure más de diez segundos, los cambios realizados permitieron que las destrucciones tengan un aprovecho mucho más atractivo y entendible.
El principal error de esta propuesta se puede dividir en dos cuestiones que van de la mano: por un lado, la falta de sentido en todo lo que está sucediendo y por otro el inexistente desarrollo de los protagonistas y los personajes secundarios. Es increíble ver cómo muchos de los juguetes que en la infancia han entretenido a generaciones enteras y han explorado la imaginación de los niños y adolescentes, aquí Bay los invoca como toda persona hubiese soñado, con grandes armas, intimidantes formas físicas y millares de balas, y los convierte en aburridas y monótonas figuras de hierro. No solo no hay un planteo coherente de las "personalidades" de los alienígenas, sino que son tantos los que se van presentando que en ciertos momentos no se logra entender qué es lo que sucede ni cómo es posible que suceda lo que en escena está pasando. Pero el error más grave va por el lado del hombre y la incompleta personificación que se le da a cada uno de los humanos que van apareciendo. El protagonista, Sam, interpretado por Shia LaBeouf, mantiene la misma identidad que en las pasadas películas, haciendo chistes innecesarios y salvando continuamente a su amada del peligro, ahora encarnada por una regular Rosie Huntington-Whiteley. Están los padres, que son como la encarnación de Bernie y Rozalin Focker; un estereotipado Josh Duhamel (las escenas de reclutamiento dan vergüenza ajena); un desaprovechado John Malkovich; un poco lucido, en especial teniendo en cuenta la importancia que se le dio en las pasadas películas, John Turturro; y un Patrick Dempsey que nunca se logra entender qué es lo que está haciendo ni por qué lo hace. Las actuaciones son muy regulares y el desarrollo de las identidades de cada uno de ellos están muy incompletas.
Pero, y es allí donde Bay logra destacarse, la película presenta un despliegue visual que satisfacerá a todo fanático de la pirotecnia y de los efectos en CGI. Explosiones, tiros, una ciudad en llamas, peleas, cámaras lentas, saltos, vuelos, teletransportación, y unos interesantes efectos en 3D, son lo que esta película le ofrece al espectador, junto con na banda de sonido que acompaña muy correctamente el desarrollo de cada una de las escenas de acción. Sin lugar a dudas, la última hora es impecable visualmente, un sinfín de transformaciones y vueltas que están muy buenas, pese al apurado e inconcluso final.
"Transformers: Dark Side of the Moon" es la tercera parte de la regular saga dirigida por Michael Bay, con un uso de los efectos especiales envidiable, pero con ausencia de emoción, de sentido, de coherencia, de guión y de buenas actuaciones. Es exactamente lo que el director propone, un relato plagado de efectos, de sonidos e imágenes en movimiento sin alma, sin ese sentido humano que tanto los Autobots dicen defender.

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