The Square

Crítica de Alejo Paredes - La cuarta pared

Meses atrás viajé a Nueva York. Fui al Guggenheim, ese museo redondo por el que corre Will Smith en Men in Black. En la tienda de regalos, había una bufanda que debí haber comprado que decía: "ARTE MODERNO = YO PODRÍA HABERLO HECHO + SÍ, PERO NO LO HICISTE".

Muchas personas dicen que "el arte moderno apesta", que no significa nada, que está sobrevalorado. A veces agregan cosas como "arte es otra cosa, arte son los videojuegos", o "arte es Salta la Banca". Pero ese es el tema con el arte moderno: está condenado, por sus propias características intrínsecas, a ser malinterpretado, ignorado y detestado. La gran mayoría de los artistas (en especial los mejores) no piensan su obra exclusivamente para el público reducido de la escena, sino que buscan crear piezas que sean accesibles hasta para el más ignorante.

El famoso estereotipo de artista describe a un sujeto de treinta-cuarenta años, de barbita cuidada y con el mentón cortando el viento, que defenestra los medios populares como el cine, la televisión y los videojuegos por ser "escapistas". Sucede que el arte anterior al Siglo XX, si bien era bellísimo, también era "escapista". Cuando el nacimiento de los formatos audiovisuales permitió al arte desligarse de su compromiso con la realidad (un compromiso que existía más que nada por razones financieras), los artistas obtuvieron sin previo aviso la libertad para ahondar en los más profundos sentimientos del ser humano. Y eso a la gente no le gustó; el estereotipo de "artista" en realidad dice más de nosotros que de ellos.

Pero esa libertad no fue exclusiva de los artistas: los comerciantes de arte usaron esas obras que nadie entendía para especular financieramente y decorar el super-capitalismo del Siglo XX. Que a vos una pintura de Picasso te parezca una mierda está perfecto, pero no cambia que esa misma pintura valga millones. La (hmmm) grieta entre el arte moderno y el público masivo es más una consecuencia de la división de clases que de la obra de los artistas. Todos culpan al arte, cuando el arte es hijx de la sociedad. Se podría decir que The Square habla sobre eso. También se podría decir que no habla sobre nada en particular, lo cual es más acertado. Y es imprescindible decir que esta es de esas películas que causarán reacciones diferentes en cada espectador.

Christian (Claes Bang), protagonista del film, es el curador de un museo de arte contemporáneo en Estocolmo. Cuando le preguntan qué es lo más difícil de su trabajo, Christian contesta: "el dinero". No es una mala respuesta, pero la dice con algo de vergüenza, como si le pegara más profundo. Parece que algo carcome a Christian pero nunca sabemos exactamente qué. Quizás odia su trabajo, quizás no entiende las obras que exhibe, quizás le incomoda no usar su "posición de poder" (como él la llama) para ayudar a otros. Así es, chabón: The Square es una película que exige una interpretación personal.

Es un mérito del director y escritor Ruben Östlund que The Square logra crear un espacio cómodo para pensar. Ningún tema recibe más atención que otro. Hay viñetas que hablan de las redes sociales, la maldición del "políticamente correcto", el relación del arte y la publicidad, y hasta el choque generacional. El director es ayudado por la actuación de Bang, que causa empatía sin revelar nada, y por las apariciones de Elisabeth Moss (The Handmaid's Tale, Mad Men) y de Terry Notary, quien protagoniza la mejor escena del filme, la que por sí sola justifica que haya ganado la Palma de Oro en Cannes.

Las cosas que puse al principio de esta review (porque esto sigue siendo una review, eh) fueron cosas que pensé después de la función privada. Pero no me surgieron por ver The Square, sino más bien porque eso es lo que pienso sobre todo el tema del arte contemporáneo. Y eso es lo que cuenta. No hay mucho más que decir: esta es una película para pensar, así que a muchos los va a dejar gusto a poco. Lo que importa es lo que uno saque de sí mismo para llenar los huecos.

OK, you got me: soy un apologista del arte moderno. Pero el diletante en mí (esa es la palabra para los que aman el arte, ¿no?) no amó The Square, porque no habla sobre el arte en sí. El arte es un reflejo de la sociedad, y la película de Östlund es un reflejo de la sociedad que cree verse reflejada en el arte y sonríe y después mira para otro lado. Por suerte, sus dos horas y media de duración son increíblemente llevaderas.

VEREDICTO: 8 - ME GUUUSTA EL ARRRTE

El director de Force Majeure crea con The Square una sátira sobre el extraño mundo del arte moderno y sobre un hombre que se encuentra perdido en el medio. Si no es la película mejor "pensada" del año, tal vez sea la que más te haga pensar: es imposible mirarla sin reaccionar de alguna manera visceral.