Terremoto 8.5

Crítica de Ricardo Ottone - Subjetiva

A esta altura es innegable que Corea del Sur es una de las usinas más relevantes en el cine de este milenio. Y lo viene siendo tanto en el llamado Cine de Autor como en el más comercial e industrial, aunque los límites entre uno y otro, sobre todo en los film de ese origen, suelen ser difusos. Los realizadores coreanos, además, se le han animado a todos los géneros y parecen manejarse en ellos con singular destreza. Terremoto 8.5 es una incursión coreana en el Cine Catástrofe (no es la primera) y, como veremos, no es el único género al que la película apela.

Como en toda película de Cine Catástrofe hay un desastre, en este caso natural, responsable de la crisis que se desata. Aquí se trata de una erupción en el Monte Baekdu, una enorme montaña volcánica, la más alta de la península, ubicada precisamente en la frontera entre Corea del Norte y del Sur, como para que la ola destructiva alcance a ambos lados de la frontera, una de las más vigiladas del planeta. La erupción desencadena un violentísimo terremoto, que no es sino el primero de una serie, puesto que la disposición interna del volcán en varias cámaras hace prever dos réplicas similares y un último y cataclísmico terremoto que se llevaría puesto el 45 por ciento de la península. Para evitar semejante desastre, y ya perdido por perdido, el gobierno de Corea del Sur da luz verde a un plan desesperado que consiste en detonar ojivas nucleares en el volcán para desactivar la última erupción o por lo menos reducir su intensidad.

La empresa no solo es arriesgada de por sí, sino que para llevarla a cabo hay complicaciones adicionales: hay que rescatar a un prisionero en una prisión norcoreana, robar las ojivas en una base también norcoreana, e introducirse en una mina laberíntica próxima al volcán. Lo único que facilita la tarea, aunque sea un poco, es la confusión reinante en todo el territorio. Para llevar a cabo la tarea es reclutado Jo In-Chang (Ha Jung-woo, a quien vimos en The Handmaiden y en The Yellow Sea), un desactivador de bombas quien tendrá que rescatar y unir fuerzas con el agente norcoreano Lee Joon-Pyeong (Lee Byung-hun, protagonista de I saw the Devil o The Good, The Bad, the Weird, y a quien una porción del público local reconocerá como el villano de la serie “El juego del calamar”). Las diferentes fases de la misión están planeadas paso a paso pero, claro, en el medio pasan cosas.

Leyendo esto cualquiera podría pensar que la trama es algo disparatada y la verdad es que no andaría muy errado. Las bases científicas que sostienen toda la premisa, aun sin saber nada del tema, se intuyen bastante sospechosas. A los autores no parece importarles mucho perder tiempo convenciéndonos de la verosimilitud del asunto y nos tapan la boca con imágenes espectaculares y acción trepidante. El resultado es un relato lo suficientemente entretenido como para que uno ceda a la suspensión de la incredulidad sin mayores trámites. Ya desde el arranque no da respiro con la secuencia del primer terremoto que nos muestra cómo colapsan Seúl y Pyongyang, demostrando que a la naturaleza poco le importan las diferencias políticas y distribuye la destrucción democráticamente en un despliegue de explosiones, edificios derrumbándose, tráfico descontrolado y gente corriendo por su vida, todo lo cual establece el tono de lo que se viene.

En este panorama apocalíptico se inyectan dosis de drama familiar, ya que la esposa de Jo In-Chang está en estado avanzado de embarazo mientras Lee Joon-Pyeong aprovecha su inesperada libertad para buscar a su hija a quien no ve hace años. Ambos conflictos aportan la cuota de melodrama que en estas grandes producciones coreanas parece habitual.

Los realizadores Kim Byung-seo y Lee Hey-jun vienen de carreras por separado y este es su primer film juntos. Aquí lo que hacen es una amalgama masiva de géneros: cine catástrofe, melodrama, comedia, acción, espionaje, Heist Movie y hasta Buddy Movie, ya que la relación entre sus dos protagonistas responde a esa dinámica de pares opuestos, de tipos que no se llevan al principio, obligados a compartir un objetivo común, que con el correr del relato se van acercando personalmente. Contribuye a esta relación ambigua el hecho de que uno provenga de Corea del Sur y otro del Norte, vecinos enfrentados a muerte en una nación dividida. Un contexto interesante para explotar en un film de género, como hizo por ejemplo Park Chan-wook en Joint Security Area, en la cual Lee Byung-hun era uno de los protagonistas.

Así como al pasar, en medio de la acción y cuando se produce la intervención del ejército norteamericano, se introduce también algo de crítica política, al papel un poco humillante que le toca a Corea del Sur en sus relaciones con Estados Unidos, aliados en los papeles pero donde al primero le toca callar y acatar las decisiones del socio mayor. Será necesario entonces desobedecer para llevar a cabo el plan y salvar al país y su gente, algo que a los representantes del gran país del norte no les parece prioritario.

Terremoto 8.5 es un pastiche de géneros tomados del entretenimiento hollywoodense, en muchos casos llevados al extremo, lo cual responde un poco a la personalidad local. Absurda, excesiva y muy divertida, se presenta como una oferta disfrutable de personajes entrañables, acción incesante y apetito por la destrucción.

TERREMOTO 8.5
Baekdusan. Corea del Sur. 2019
Dirección: Kim Byung-seo y Lee Hey-jun. Intérpretes: Lee Byung-hun, Ha Jung-woo, Jeon Hye-jin, Ma Dong-seok, Bae Suzy, Jai Day. Guión: Kim Byung-seo, Lee Hey-jun. Fotografía: Kim Ji-Yong. Música: Ban Jun-suk. Diseño de Producción: Kim Byeong-han. Producción: Choi Won-ki, Myung Chan Kang, Lee Hae-jun. Duración: 130 minutos.