Tenemos un problema, Ernesto

Crítica de Germán Morales - Proyector Fantasma

La idea fija

Tenemos un problema, Ernesto es una interesante comedia que utiliza la desgracia de su personaje principal como excusa para descargarse contra toda la información y la solución que se nos intenta brindar desde numerosos lugares de la sociedad, principalmente los medios de comunicación. Desde la ciencia y los médicos, a los gurúes, brujos y chamanes, finalizando en la gran aleccionadora social que pretende ser la televisión.
Ernesto (Diego Recalde) es un pobre tipo que sufre con la desgracia de perder su órgano sexual sin tener ningún tipo de sospecha, motivo o razón aparente por la cual pudo haber sucedido la perdida. Al empezar su drama, también lo hace su búsqueda por recuperar su pene, encontrar una explicación y recurrir a todo tipo de ayuda. La televisión y las publicidades son su principal fuente de ayuda, no existe otro tipo de voz que lo guíe o lo ayude a dar con la respuesta, eso ya es un gran decir y una postura frente a la sobreexposición de información que recibimos día a día. Ernesto, además, trabaja en el medio como guionista y en definitiva, la película se termina convirtiendo en una metáfora de la invisibilización de su trabajo. La televisión es un mundo cruel, todas las expectativas que ponen los sujetos en lo que dice la pantalla no se justifica con el beneficio que brinda, de eso debe conocer Recalde, por eso, la crítica a ese ambiente es acertada.
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“Tenemos un problema, Ernesto” funciona por momentos, hace reir, sobre todo en pequeños gags cómplices que sacan una sonrisa al espectador, especialmente en la fauna de chantas porteños que bien sabe golpear. Sin embargo, no termina de cautivar cuando debe hacerlo, la risa se queda en pequeña risa y hay momentos o escenas que si bien podrían haber sido geniales, no logra cerrar las grandes historias convincentemente. Aunque sea una comedia, y no necesite ser totalmente coherente, si requiere un tratamiento que puede ser difícil cerrar si se estira demasiado o se corta demasiado pronto. En este caso, me parece que el final se hace abrupto y el tratamiento general de la historia se estira demasiado.
A pesar de eso, se trata de una comedia hecha con buen nivel técnico, con muchas participaciones especiales como la de Daniel Valenzuela, Ernesto Claudio entre otros, que suman para bien, en cambio otras se hacen tan efímeras, como la de Cabito, por ejemplo, que dejan con una cierta sensación de vacío. Como comedia se trata de un tema que todos entendemos, pero que en su humor no llega a cualquiera por lo absurdo y las vueltas bizarras que tiene, por eso es posible que haya opiniones muy encontradas respecto a esta película.

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