Taranto

Crítica de Ezequiel Boetti - Otros Cines

Demoledor e inquietante documental sobre las contradicciones entre progreso y sustentabilidad, en este caso a partir de los nocivos efectos en la salud de una acería en el sur de Italia, pero con alcances mucho más amplios.

El enfrentamiento entre salud y empleo no es novedoso ni atribuible a una situación particular. Más allá del grado de desarrollo del país y el horizonte político del gobierno de turno, desde Chubut hasta Canadá, desde la Cordillera de los Andes hasta Europa, la problemática atraviesa todas las latitudes y divide aguas entre quienes ven en esos monumentales emprendimientos una oportunidad laboral de enorme relevancia y aquellos que anteponen las consecuencias a mediano y largo plazo.

La pequeña ciudad del sur italiano del título es sede de ILVA, la acería más grande del Viejo Continente. Desde 1960 miles de lugareños pusieron el cuerpo a un negocio que con los años demostró no ser la salvación económica que muchos esperaban. Más bien lo contrario, dado que a las pérdidas monetarias se sumó una creciente mala fama internacional, con alertas desde toda Europa y un enorme porcentaje de enfermos de cáncer sobre el total de la población. Así lo de muestran, entre otras estadísticas, 600 casos de niños nacidos con malformaciones solo entre 2002 y 2008.

Víctor Cruz (Boxing Club, ¡Qué vivas cien años!) viaja hasta Taranto para indagar en el día a día de un lugar donde el polvillo metálico que sale de las chimeneas, el mismo que tiñe calles, veredas y hasta lápidas, puede levantarse del suelo con un imán. Es una bomba ecológica pero también social, generada por la zozobra de los más de 10.000 empleados ante el futuro de su trabajo, que Cruz no quiere desactivar ni tampoco hacer explotar. Lo suyo es un trabajo de cronista, de intentar entender cómo se llega, qué se pone en juego en una situación de estas características.

Taranto recurre a registros periodísticos y televisivos con numerosos testimonios sobre el tema, exhibiendo su voluntad mayormente informativa, contemplativa (los planos generales de las chimeneas dicen mucho más que mil palabras) y expositiva. Expositiva en el mejor sentido del término, ya que saca a la luz aquello que se desconoce, que usualmente se comunica de manera fragmentada, sin que esto implique tomar, al menos en una primera instancia, una posición definida.

En épocas de verdades procesadas y de conclusiones veloces y carentes de perspectiva, Cruz no desprecia la ambigüedad sino que se hace cargo de ella reforzándola y poniéndola a su servicio. Son esas tensiones del afuera las mismas que atraviesa Taranto, un documental demoledor e inquietante más interesado en dejar flotando preguntas que entregar respuestas tranquilizadoras.