Taranto

Crítica de Eduardo Elechiguerra Rodríguez - A Sala Llena

En Taranto (2020), los cuerpos, acentos, gestos y rostros reflejan el lugar de nacimiento como un crisol de estas vidas diezmadas por la acería más grande de Europa. Víctor Cruz detalla a partir de los tarentinos el efecto pasado y actual de la fábrica ILVA sobre la salud de los ciudadanos, y la confrontación entre la ineptitud gubernamental y los activistas. 

El realizador no quiere que estos sean solo cuerpos de denuncia. Por ello mantiene un diálogo entre el mencionado activismo, el registro histórico, la estética y la antropología. Así ninguno de estos cuatro ejes se impone. Por una parte, los propios entrevistados conversan en varias ocasiones con terceros en escena o reaccionan ellos mismos a momentos cruciales en el paulatino desmantelamiento de la acería. La cámara interviene y la marca cronológica resalta con la tipografía las fechas de videos periodísticos grabados entre los 60s y los 2010s. Aunque Víctor prefiere que oigamos y observemos a los tarentinos y la geografía al sur de Italia, no solo lo que plasmaron los medios.

Esto se sostiene de tal manera que por lo menos en cuatro ocasiones, oímos a los entrevistados antes de ver sus rostros. Aquí está hablando Tarento (en español) no solo como metáfora de que todo ciudadano personifica su lugar de nacimiento. También nos brinda esta impresión la cámara que los muestra desde su punto de vista, el de ellos y el de la ciudad. Por ejemplo, mientras oímos a la fotógrafa Anna Svelto o a Carmelo Attolino, vemos su entorno de trabajo y luego sus rostros al borde del plano, gesticulantes o caminantes. Ahí está la invitación a contemplar y entender al ser humano como parte de un contexto más importante que él. 

Con una o dos excepciones, la obra mantiene esta confianza en la palabra, la imagen y el cuerpo antes que del semblante durante su breve duración. Incluso en dos escenas mientras algunos entrevistados hablan parados en un primer plano, la cámara los desenfoca y vemos con claridad el fondo mientras los seguimos oyendo. Así ocurre con el último momento donde habla el ambientalista Alessandro Marescotti. Cuerpo y paisaje son una misma identidad aquí y tal vez en oposición con esta simple idea, los migrantes queramos teorizar, problematizar y rebatir una verdad como esta con muchas aristas.

Esas excepciones también dan cuenta de que Cruz no embellece en exceso estas vidas a través de lo audiovisual. Ciertamente la dirección de fotografía ilumina con delicadeza ciertas tomas sobre todo las dedicadas a los campesinos o las de los edificios residenciales. En otras escenas la cámara en mano muestra de entrada a los ambientalistas como Marescotti que dan la cara física y política desde su profesión ante el grave proceso de deterioro de la ciudad.

Es significativo además que los representantes públicos aparezcan después de la mitad de la película. Así el montaje de Marcos Pastor y Cruz sugiere que la ciudadanía de todo país es la que suele padecer primero los engaños estatales y gubernamentales. Esto lo presentan aquí sin victimizar a los entrevistados. Además con el inicio se deja en claro que este abordaje no pretende ser social. Primero conocemos el origen mítico de Taras narrado desde la costa y luego Svelto presenta y habla en su estudio sobre viejos registros de la ciudad. Estos denuncian el índice mortal de ciudadanos con cáncer y tumores. Por otro lado, Umberto Attolino, habitante de la ciudad, también lo hará con emoción posteriormente mientras sube un edificio residencial donde vivieron vecinos ya fallecidos. En otra escena uno de los entrevistados discute con una vecina bien informada que está en desacuerdo con responsabilizar enteramente al IRVA. 

Al final de esta obra, una de las que inauguró el BAFICI; los ciudadanos muestran soluciones y forman a los jóvenes. En medio de su preocupación porque emigrarán de Taranto por falta de futuro, esta crónica apresura al menos posibilidades de cambio mas no respuestas certeras. Y a pesar de que los políticos no son quienes primero dan la cara como deberían, Cruz halla tiempo para que un activista en la preservación natural y ciudadana de Taranto enfrente al primer ministro de esa época por su negligencia.