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Crítica de Héctor Hochman - Revista Cartelera

Podría decirse que hay una cuestión “filosófica” a dirimir, ¿Puede una película de muy buena construcción, atrapante pero agobiante, gustar? Casi en el mismo orden de “Amour” (2012) o “Bailarina en la Oscuridad” (2000), solo como ejemplos.

El filme abre con los créditos finales, de manera discordante, como si la película fuese un retorno, la construcción implica esas dos primeras escenas tengan una posibilidad de re-lectura, revirtiendo lo establecido en un principio. Se presenta como rompiendo códigos pre- establecidos, en un itinerario que sin prescindir de la elegancia visual, nos introduce en el mundo del arte musical, pero haciendo visible los egos que la conforman. Al igual que "Cisne Negro” (2010), un estudio psicológico pero de un personaje más intenso, posiblemente, encuadrado en un escenario incluso rimbombante,