Taekwondo

Crítica de Marianela Santillán - Proyector Fantasma

Taekwondo, film co-dirigido por Marco Berger (Plan B, Ausente, Hawaii, Mariposa) y Martín Farina (Fulboy), nos presenta a un grupo de ocho amigos que se conocen desde la infancia y están veraneando en la quinta de los padres de Fernando. Pocos días después llega Germán, compañero de Taekwondo del anfitrión, para sumarse a las jornadas de descanso, pileta, asados, porro y fútbol.

Si bien el nuevo visitante se integra rápidamente al grupo, no puede evitar sentirse distinto: es más tímido y pudoroso -no se pasea desnudo como casi todos los demás-, es gay (aunque nadie lo sabe), y no entiende bien el motivo de la invitación por parte de Fer. Sin embargo, desde los primeros momentos notamos que el centro de la historia está en estos dos personajes, en sus miradas, en cierta ambigüedad en la forma de tratarse y en la búsqueda de situaciones íntimas que ninguno quiere admitir, pero que el grupo de amigos empieza a notar. Por otro lado, Taekwondo nos presenta el universo heterosexual masculino -un poco exagerado y reiterativo para mi gusto- en el que acostarse con muchas chicas, y hablar de sexo todo el tiempo, pareciera lo principal.

De esta forma el film combina elementos característicos en cuanto a estética y fotografía de ambos directores -el plano bulto Berger a la cabeza, ahora con mayor exhibicionismo a lo Farina- además del siempre fallido y postergado encuentro entre dos hombres, que ya pudimos ver en Plan B (2009) y Hawaii (2013). En Taekwondo no hay demasiada sutileza a la hora de mostrar los cuerpos; vemos como todos se rozan, se desnudan, se duchan o comparten sauna mientras relatan sus proezas sexuales.

Taekwondo toma ese nombre no sólo por la simple excusa de compartir una clase, sino porque tanto la disciplina deportiva, como la propuesta de Berger-Farina son artes; como arte marcial se piensa, analiza y mide el movimiento del otro, además de ejercitar la propia mente. En ese sentido podría pensarse que en la película, en cambio, se evoca al arte de la seducción: a ser prudente, esperar, analizar gestos, respuestas, y sobre todo silencios. Así el homoerotismo aumenta con el transcurrir de los minutos mientras que la tensión sexual que se va construyendo en pantalla resulta eficaz, creíble y maravillosa gracias al excelente nivel actoral de todos los intérpretes