Sinister

Crítica de Isabel Croce - La Prensa

Temibles imágenes en súper 8

Ellison Oswalt (Ethan Hawke) parece estar soportando, como muchos escritores que fueron exitosos, ‘el síndrome de la página en blanco’. Busca el motivo que le permita escribir una novela tan exitosa como aquella policial que se transformó en best seller, hace casi diez años. Y todo parece encaminarse bien.

Hay una realidad: un crimen ominoso, cuatro ahorcados cuyos cuerpos cuelgan de una soga y la historia de una familia que una súper 8, le revela en la casa que él alquiló.

El protagonista, como el fotógrafo de ‘Las babas del diablo’, de Julio Cortázar descubre, cada vez, más realidades en las imágenes de la película en super 8, que un día encontró de casualidad revolviendo esa casa alquilada.

Ellison, el escritor supone que de la investigación de esas imágenes saldrá el posible asesino de la familia ahorcada y también la novela policial que lo hará otra vez célebre. No sabe que develar ciertos enigmas tiene un precio.

EL ESCRITOR

‘Sinister’ atrapa en los comienzos. Ese simpático escritor un poco neurótico queriendo escribir otro éxito para que su linda familia, compuesta por Tracy (Julie Rylance), su mujer y sus hijos Trevor (Michael Hall D’Addario) y Ashley (Clare Foley), disfruten junto a él mejores tiempo, atrae.

Atrae tanto como la pintura realista y verosímil del grupo familiar protagónico; lo siniestro de ese crimen que una y otra vez revela la proyección en super 8 y ese ferviente deseo del escritor por descubrir la raíz del mal y poder construir con todo eso una nueva docuficción exitosa.

Pero la película, a pesar de estar dirigida por el mismo director de la recordada ‘El exorcismo de Emily Rose’ se va a pique poco a poco, cuando empieza con el factor esotérico y las imágenes fantasmáticas, que al principio dan miedo y luego cansan.

En ese momento ‘Sinister’ deja de interesar, se reitera, abusa de determinados motivos y se desbarranca. A pesar de que la historia está estupendamente fotografiada, cuenta con hallazgos sonoros y un buen actor como es Ethan Hawke, el director pierde el hilo y lo original se convierte en trillado y lo verosímil deja de serlo, para transformarse en algo poco creíble.