Sieranevada

Crítica de Daniel Lighterman - Visión del cine

Luego de un modesto pero exitoso paso por diferentes festivales llega a nuestra cartelera la película rumana Sieranevada, film elegido por su país como representante en los premios Oscar 2017.
Lary, un doctor cuarentón, se junta con su familia un tiempo después del fallecimiento de su padre para llevar a cabo un ritual religioso que su triste y desesperada madre no quiere dejar pasar. Pero lo que iba a ser un almuerzo rápido se termina transformando en una reunión caótica en la cual cada miembro de la numerosa familia parece tener una deuda pendiente con el resto y las discusiones y los problemas surgen a cada instante, prolongando lo que parece una eternidad el momento de sentarse a comer.

Sieranevada no es una película usual en ninguno de sus aspectos. Las casi tres horas de película (que mantendrán alejado de la sala a cierto público) se pasan entre charlas, discusiones y esperas, como recortada de un fragmento de la vida misma. El mediodía se desarrolla casi en tiempo real, con diálogos que van desde la situación política (actual y pasada) hasta las vicisitudes del matrimonio.

La familia se ve en la mayor parte del film confinada a deambular entre dos muy pequeños ambientes, chocándose los unos con los otros y reaccionando igual que los perros. Cada cruce desencadenará una nueva conversación que, en conjunto con las otras charlas, nos da un más que interesante panorama sobre Lary, su familia y la sociedad actual.

La presencia (en ausencia) del padre fallecido que flota en el aire sirve para unir a todos estos personajes cuya historia como familia parece no haber sido nunca resuelta. El espectador, como un invitado más en esta ceremonia que parece nunca poder comenzar, va uniendo cabos a medida que los personajes interactúan, partiendo desde cosas tan básicas como “cuál es la relación de parentesco entre este personaje y Lary” a aspectos muy complejos como el pensamiento político de algunos integrantes de tan forzada reunión.

Mientras que en otras películas de este estilo la mesa es el centro de reunión, acá, por el contrario, la comida se sirve y se retira de ella sin que la familia pueda sentarse nunca a probarla. Con momentos cómicos más bien incómodos, el director logra llevar al espectador casi al mismo estado de frustración de los personajes, una experiencia más que digna de vivir en una sala de cine.