Sicario

Crítica de Hugo Fernando Sánchez - Tiempo Argentino

Cártel de droga estilizado

A veces el prestigio alcanzado por ciertos directores no tiene demasiados fundamentos. El caso del canadiense Denis Villeneuve, protegido por festivales clase A, es otro ejemplo válido que permite sospechar sobre la actualidad del cine y su relación con los celebrados eventos donde se exhiben películas antes de que salgan al ruedo y ocupen mercados en el mundo. La potencia visual de El hombre duplicado y La sospecha, por nombrar dos de sus títulos, resulta indiscutible, como también invocar los rubros técnicos en sus películas (iluminación, música, escenografía), valiosos por sí solos y con cierto afán de transcendencia. Pero Villeneuve, en sus virtudes y defectos, es un director de envoltorios y de impecable concreción visual que, en oposición, debilita sus argumentos en donde, otra vez, triunfa cierto aire trascendente. Es lo que ocurre en las dos horas de Sicario, violenta radiografía sobre los cárteles de drogas y el accionar de la CIA que toma como pretexto al thriller político para transmitir sus intenciones ideológicas.
Tres personajes circundan el relato junto a un paisaje desértico que también actúa como protagonista. Por un lado, la agente recién egresada Kate Mercer (Emily Blunt) como punto de vista ético de la historia; por el otro, el jefe de la CIA Matt (Josh Brolin), aplicando la política secreta del Pentágono en cuanto a la liquidación de mexicanos en forma clandestina y, completando el triángulo, el aura entre siniestro y seductor que caracteriza a un tal Alejandro (Benicio del Toro), sujeto fronterizo desde lo geográfico y moral y el personaje al que alude el título del film.
Villeneuve confía en el excelente DF Roger Deakins y en la soberbia (y poco sutil) banda de sonido del islandés Jóhann Jóhannsson para promulgar su clásico envase visual de indiscutible factura. Pero esa manía del director por embellecer el horror, estilizar la violencia y acumular cadáveres mutilados para el goce gratuito y eficaz del espectador (cuestiones que ya se observaban en Incendies, otro título de Villeneuve celebrado en festivales) convierten a las idas y vueltas de los tres personajes principales en una instalación genérica sobre el tema de los cárteles mexicanos y el accionar de la CIA y del gobierno de los Estados Unidos. Sicario se aproxima en intenciones temáticas y formales a Traffic (2000) de Steven Soderbergh: films presuntuosos, viscerales y políticos que parecen guionados por un ex empleado de la DEA. Y en las dos dice presente Benicio del Toro, gran intérprete en ambas.