Intrusos

Crítica de Ernesto Gerez - A Sala Llena

Dificilísimo filmar, y más aún cuando no se cuenta con un gran presupuesto y cuando los días de rodaje son menos de la mitad de los que suelen utilizarse en las producciones mainstream. Intrusos (Shut in, 2015), thriller que también podríamos encuadrar dentro del subgénero de casas invadidas, contó con sólo dos semanas de filmación y un presupuesto acotado en relación a los números que maneja la industria norteamericana; y es en estos casos donde se siente más el sudor del rodaje. De todos modos, detenernos en esos menesteres no es compatible con intentar brindar un análisis o, incluso, una mera reseña como en este caso. Y decimos que no es compatible porque si pensamos a las películas desde el sufrimiento que es realizarlas, no podríamos dar una valoración; pensadas desde la realización todas las películas son buenas. Por suerte, en algunas oportunidades, esa locura que implica el rodaje da un buen resultado final que, incluso tomando distancia, podemos apreciar positivamente. Es este el caso; un thriller donde se nota la mano principiante y el bajo presupuesto, pero como características que no afectan las decisiones formales del debutante Adam Schindler.

Anna (Beth Riesgraf) es una linda chica sufrida que tiene que cuidar a su postrado hermano en una casona de Louisiana venida a menos. Su casi única interacción con el mundo circundante es con el delivery boy (un hermano Culkin que asoma en ascenso). La ficticia paz de Anna se rompe cuando su hermano muere y pierde su única actividad y motivación; es en ese momento cuando se materializa el subgénero mencionado y tres hampones invaden su hogar. La banda luce improvisada, incluso desde el casting, sobre todo si pensamos que un elemento clave del trío es interpretado por Martin Starr, actor conocido por su participación en producciones de la nueva comedia americana y no en el horror. Es que los muchachos no son unos facinerosos que saben lo que hacen al estilo de la banda lumpen de Perros de Paja (Strawdogs, 1970) o los loquitos de Horas de Terror (Funny Games, 1997), sino que están mucho más cerca del grupito casi virginal de No Respires (Don’t Breathe, 2016), de Fede Alvarez, película especular en varios aspectos. Si en aquélla el golpe parecía fácil por ser la casa de un ciego, acá será por ser la casa de una chica sola, con el reemplazo de la ceguera por la agorafobia como patología/debilidad. A su vez, los espacios del hogar serán, como en No Respires, elementos clave de la trama. Intrusos se construye desde un guión que se toma libertades -por algunos momentos podría ser una continuación ¿feminista? de El Juego del Miedo (Saw, 2004)- y que cae simpático justamente por esa (in)conciencia del ya fue todo sin tener lo bizarro como norte.