Showroom

Crítica de Adolfo C. Martinez - La Nación

Una comedia sobre la clase media.

La vida lo tiene a mal traer a Diego: endeudado hasta la médula y despedido de su trabajo como organizador de eventos deberá dejar, junto con su esposa y su pequeña hija, el confortable departamento que ocupaban en Buenos Aires. Felizmente (o no) él tiene un tío millonario propietario de una importante inmobiliaria, quien, además, posee una casa en el delta del Tigre. Ese tío aparentemente bonachón le hará un doble ofrecimiento a Diego: mudarse a esa casa alejada de la ciudad y ofrecerle una nueva oportunidad laboral como vendedor en el showroom de un futuro complejo de edificios palermitano. Pero aquello que sólo parecía un trabajo se convierte para Diego en una obsesión: el ahora vendedor se mudará con su familia a esa destartalada casa derruida, empeñado en lograr vender la mayor cantidad de departamentos para recuperar su tren de vida.

El director Fernando Molnar, que ya tiene en su haber un par de interesantes documentales (Mundo Alas y Rerum Novarum), se insertó con calidez en la historia de ese hombre que necesita demostrar lo que vale.

Showroom es una comedia a veces ácida y otras un poco negra que carga todo el peso del relato en la figura de su protagonista, Diego Peretti, quien responde con gran solvencia ante el desafío de esta película, que plantea una afilada crítica ante las pretensiones de la clase media. Andrea Garrotte y Roberto Catarineu fueron muy buenos acompañantes del protagonista en esta historia sencilla.

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