Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos

Crítica de Hugo Zapata - Cines Argentinos

Durante la mayor parte de su metraje Shang-Chi no se siente en absoluto una película del Universo Marvel y en esta cuestión reside su mayor virtud artística. El director del thriller judicial Buscando justicia (Michael B. Jordan), Destin Daniel Creton, consigue introducir al público en el mundo de este personaje a través de una propuesta que no se aferra exclusivamente a la fórmula del cine de superhéroes.

Shang-Chi es un personaje que nació a mediados de los años ´70 durante el fenómeno de Bruce Lee y el auge del género de artes marciales asiático en el continente americano.

Este film reimagina el origen del héroe donde se toman algunos elementos de las historieta con el fin de introducirlo al universo cinematográfico. Algo similar ocurre con el Mandarín, interpretado por Tony Leung, que funciona como una adaptación libre del villano de los cómics, aunque mucho más digna de lo que se hizo en Iron Man 3.

Ahora no esperen encontrar al mismo antagonista de los cómics porque esta va por otro lado. Durante los primeros dos actos de la trama Creton se aleja bastante de la fórmula Marvel al desarrollar el relato dentro del género de artes marciales de fantasía.

Todas las secuencias de acción fueron realizadas por Brad Allan, discípulo de Jackie Chan, quien falleció el pasado mes de agosto a los 48 años. El artista marcial fue el primer miembro occidental del equipo de doble de riesgo de Jackie y en esta película tuvo la oportunidad de lucirse con secuencias magníficas que no pudo incluir en otros filmes hollywoodenses.

El tratamiento de la acción que aporta Allan están muy influenciado por el cine de Chan con referencias directas a sus filmes, como Rush Hour o Rumble in the Bronx, además del wuxia de fantasía, estilo Iron Monkey y El tigre y el dragón. Una elección que refuerza por otra parte la representación de la identidad asiática que celebra Shang-Chi.

Un tema que me sorprendió de este film es el contenido humorístico que retoma ese equilibrio que tenían las primeras producciones de Marvel antes que empezaran a derrapar con los personajes graciosos.

En este contexto sobresale la participación de la actriz Awkafina, quien compone un personaje que representa la mirada del espectador que toma contacto por primera vez con el mundo de fantasía de Shang-Chi.

A diferencia de lo que ocurrió con David Harbour en Black Widow, quien se encargaba de arruinar momentos dramáticos con intervenciones estúpidas, la actriz aporta comentarios graciosos pero nunca llega a ser una molestia e inclusive tiene algunos momentos más serios.

El personaje cuenta con su propio arco argumental y conforman una dupla simpática junto al héroe. De hecho, el mayor contenido humorístico lo aporta otro personaje.

Con respecto al protagonista, Simu Liu, la verdad es que los trailers promocionales lo presentaron con una imagen más fría que después no encontramos en el film.

Liu tiene su carisma y consigue despertar empatía por Shang-Chi si bien queda la impresión que le falta un chapuzón en las aguas termales del héroe de acción. Su labor es decente pero en esta primera incursión todavía no demuestra que este personaje es el más grande artista marcial del Universo Marvel.

De todos modos comparado con Iron Fist en la serie de Netflix es la reencarnación de Bruce Lee.

En lo referido al reparto secundario, Michelle You y Tony Leung, especialmente, le aportan una jerarquía enorme a esta película y levantan la presencia de Liu, quien es menos conocido por el público general.

La película de Shang-Chi encuentra sus mejores momentos hasta la llegada de clímax donde el ratón Mickey le marca el territorio al director, con el fin de recordarle que el estudio siempre tiene el control.

En el acto final la trama se mete de lleno en la fórmula Marvel con una extravagancia zarpada de CGI y los infaltables monstruos gigantes que esta película no necesitaba.

El espectáculo es impecable en lo referido a los aspectos visuales pero la tarea de Bradley Allan queda completamente opacada por el equipo de efectos especiales.

Me hubiera gustado ver un duelo final entre Shang-Chi y el Mandarín que remitiera al cine de artes marciales clásico y el recuerdo de Bruce Lee, quien inspiró el cómic, más que el homenaje a Falkor y La historia sin fin.

Salvo por ese detalle, esta producción no deja de ser lo más inspirado que brindó Marvel en el último tiempo y le aporta un poco de aire fresco y diversidad a una franquicia que se encuentra en proceso de reconstrucción tras el evento de Infinity Wars.

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