Shame: sin reservas

Crítica de Santiago Balestra - Alta Peli

Una película que si bien no es apta para impresionables, cuenta con una interpretación brillante a cargo de Michael Fassbender.

Días Sin Huella de Billy Wilder, fue la primer película en retratar seriamente el alcoholismo. El Hombre del Brazo de Oro de Otto Preminger hizo lo propio retratando la drogadicción. Pero de la adicción al sexo, cosa que no fue reconocida como tal hasta entrados los 90’s, nuca tuvo una película que retratara como corresponde los efectos que esa adicción tiene en la vida de quien la padece.

En materia guion aplaudo a Steve McQueen (no confundir con el actor de Bullitt) y a su guionista Abi Morgan (en un salto de calidad tremendo respecto de La Dama de Hierro), porque la estructura y el desarrollo de los personajes denota una extensa investigación sobre el tema. Cualquier otro guionista se hubiera limitado a mostrar al personaje principal tener sexo con muchas mujeres, y eso hubiera bastado. Pero no, eso es apenas un aspecto, se animan a mostrar a un hombre cuya adicción al sexo tiene un rol tan protagónico en su vida, que muchas veces no necesita de otra persona para practicarlo.

Claro que una vida tan “descontrolada” tenía que tener un palo en la rueda, sino no habría película, y los guionistas lo han dejado en manos de la hermana menor del protagonista, una chica notoriamente depresiva y dependiente emocionalmente, que obliga al protagonista lentamente a sincerarse respecto de su adicción.

El guion es sólido en materia de subtexto, muchas escenas que están entre lo mejorcito de la película no usan palabras en lo absoluto (Atención a las escenas con el personaje de Michael Fassbender en el Subte), y sin embargo llegan a comunicar millones de cosas. Sobre todo, cosas del pasado de los personajes, insertadas de un modo tan sutil que cuando la información te llega al cerebro sabes porque les pasa lo que les pasa y porque se comportan como se comportan.

En el aspecto técnico, tenemos una paleta de colores mayoritariamente fríos, pero que pasan a la calidez en momentos muy puntuales de la película. El montaje es todo un desafío a la paciencia, ya que deja pasar segmentos muy largos antes de animarse a dar el corte. El trabajo de cámara en 2.35:1 está también muy logrado y con un muy elaborado sentido de la composición. Sobra destacar que el trabajo del diseño de sonido es también excelente; metiéndonos dentro de lo que piensa el personaje de Fassbender, oímos lo que el oye, en su departamento, hasta la música que el escucha cuando sale a trotar por la noche.

En materia actuación, Carey Mulligan entrega una interpretación muy creíble y a la altura del desafío. La chica sabe comunicar lo que siente el personaje con pocas palabras, y cuando no con gestos. Atención a la escena donde canta New York, New York. Uno no puede evitar sentir lo que pasa por la cabeza de la chica cuando entona la legendaria canción de Frank Sinatra. Si uno escucha muy de cerca el tono, la manera en la que confunde la letra, y sobre todo la tristeza con la que comunica la canción, uno se termina percatando que de la mano de la letra ella esta contando los temas de la película.

Esta película para nada sería lo que es sin el extraordinario actor que McQueen encontró en Michael Fassbender. Más allá del evidente logro estético que es la película, Fassbender se lleva la película el hombro. El nivel de expresividad que tiene el tipo no tiene parangón, la manera en la que el tipo trabaja el personaje, sin prisa pero sin pausa, es un ejercicio de actuación que no merece otra cosa más que admiración. Esto alcanza su punto álgido en el tramo final de la película. El mérito aquí es doble porque no cualquiera se anima a dar vida a un personaje de esta naturaleza, sobre todo en sus momentos más oscuros que es donde se puede ver en toda su naturaleza la “Vergüenza” a la que alude el título.

Conclusión:
Con base en un guión sutilmente solido pero intenso en el tratamiento de sus temas, e interpretaciones que no son otra cosa que excelentes por llevar más allá del buen puerto algo que es todo un desafío, Shame es una película de imágenes fuertes y ritmo pausado. Aquellos que sean impresionables o impacientes son capaces de hacerla a un lado. Pero si son pacientes y capaces de superar su impresión, se encontraran con una película que consigue con creces lo que solo un puñado consiguen: Que un film meramente temático quede arraigado en la memoria del espectador por la intensidad de unas emociones que más de uno tiene o ha tenido y se ha visto identificado con ellas.