Señales de humo

Crítica de Juan Velis - Leedor.com

Estreno en Cine.ar: un documental que sigue a Mario Reyes, arriero en un pequeño pueblo ubicado en el monte tucumano, quien deberá emprender una peculiar travesía: subir hasta la cima de la montaña para reparar una antena que dejó a la comunidad entera sin conexión a internet. Una película sutil y silenciosa que, no obstante, expone una reflexión profunda y crítica sobre el avance tecnológico.
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En Amaicha del Valle (Tucumán), una pequeña comunidad del norte argentino, el servicio de internet sufre un colapso debido a los fuertes vientos que hay en la región. El arriero y guardaparques Mario Reyes será el encargado de subir hasta la cima de la montaña para reparar la antena averiada, junto al ingeniero del pueblo y sus caballos. Señales de humo es un documental que presenta una problemática real, simple y común, y que dispara múltiples reflexiones mucho más profusas y complejas.
Lo que se expone en la película, primordialmente, es una reflexión acerca de la cuestión tecnológica como distopía, trabajado de una manera singular, diferente a la mayoría de las producciones que nos hablan de la revolución tecnológica y sus potencialidades tanto productivas como destructivas, según la perspectiva. El otro tópico que prepondera en la película es la cuestión de la incomunicación en este tipo de parajes, que a los seres de ciudad como nosotros/as nos resultan todavía disímiles y distantes. El tema central, más bien, sería el de la comunicación humana en suspensión, sumergida en un estado de incomunicación fluctuante, debido a la irrupción de la tecnología como interferencia y distorsión de ciertos modos de vida que persisten en estas regiones. Al menos eso es lo que leemos desde el punto de vista predominante que elige mostrarnos el documental: el del noble y ajado Mario Reyes.
Estamos ante una sutil pieza documental que pone en marcha una serie de mecanismos de puesta en escena que bien podríamos relacionar con la construcción ficcional. No hay miradas a cámara por parte de los personajes, no se evidencia el dispositivo ni “se rompe la cuarta pared”, como solemos decir cuando se llevan a cabo esos procedimientos que exponen el artificio: los elementos que componen el dispositivo del cine. No hay operaciones de este tipo, así como tampoco recursos nodales del tratamiento documental, como el uso de la voz en off o entrevistas de tipo “busto parlante”. Tampoco advertimos estrategias narrativas que nos introduzcan de manera expositiva a la realidad cotidiana de esos personajes; se siembra, en cambio, cierto clima de suspenso, de incertidumbre y tensión constante (a propósito de la temática principal que ofrece la película). Precisamente, las escasas fuentes informativas son introducidas a través de operaciones esencialmente ficcionales (planos panorámicos de establecimiento que nos muestran dónde estamos, planos generales de la casa municipal del pueblo y de las viviendas, etc). Sin embargo, estamos en condiciones de ratificar que se trata de un documental observacional-testimonial, rasgos que se ven corroborados por dos aspectos puntuales que forman parte del universo que inaugura Luis Sampieri: el funcionamiento de la cámara como visión transparente que incorpora la presencia implícita del espectador dentro del mundo audiovisual, y la disposición de actores sociales autóctonos de la zona, propios y auténticos (es decir, la ausencia de un reparto actoral).
Lo que más disfrutamos al contemplar Señales de humo, son los aspectos plástico-formales que entran en juego en los encuadres: paisajes amplios, naturales y abiertos que, sin embargo, denotan un riguroso proceso de planificación, diseño y búsqueda estética particular. Lo primero que se nos viene a la cabeza es la idea de una transparencia capturada de manera íntegra y, precisamente, traslúcida, directa, cristalina. Pero, si lo pensamos bien, veremos que en esas imágenes paisajísticas existe un exhaustivo trabajo de construcción desde la fotografía y desde la dirección artística. Por ejemplo, se advierte el uso de contrastes altos en clave baja en las escenas diurnas y nocturnas, siempre en función del seguimiento permanente de la cámara a los personajes. Inclusive en aquellos planos en los que la película pareciera jactarse de su grandilocuencia visual, a propósito del ambiente del monte tucumano (siempre digno de ser admirado), se sostiene un seguimiento puntual y metódico hacia Mario, el protagonista (siempre vemos su figura o su silueta entre las montañas). Son imágenes que procuran cautivar desde su trazado fino y realista. Por lo tanto, la idea de transparencia, esa intencionalidad por “querer mostrar la realidad tal cual es, en un contexto determinado”, se articula en función de una puesta en escena definida de manera tal que nos coloca al borde de la ficción. Y este aspecto, lejos de ser un problema o una flaqueza desde la realización, enriquece a la película.
El mensaje (porque al fin y al cabo ese es el eje temático que predomina: la transmisión urgente de un mensaje, o de un llamado de atención) se vuelve eficaz debido a este tratamiento documental observacional/testimonial dialogado y construido dramáticamente. Un tratamiento que instaura un clima singular, que sólo pierde cierto equilibrio cuando Sampieri elige introducir grotescamente en pantalla los mensajes de texto que se envían los pueblerinos por celular (en una clara reflexión implícita acerca de la comunicación como incomunicación, en este tipo de entornos).
Los planos que retratan el tránsito cotidiano de otros pobladores de la región, como el artista escultórico tucumano que trabaja meticulosamente en su obra (que es mejor no spoilear), están también muy bien pensados.
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Señales de humo estrena el jueves 16, a las 20hs, por Cine.ar. Se repite el sábado 18. Disponible en Cine.ar Play desde el viernes 17 hasta el jueves 23 en forma gratuita. A partir del jueves 30, en alquiler.