Sangre y amor en París

Crítica de Rocío González - Leedor.com

Simplemente uno reconoce cuando está frente a un relato que salió de la cabeza de Luc Besson. El género de acción es lo suyo y no cabe duda que él sabe equilibrar en dosis justas el desarrollo de los personajes con las escenas de adrenalina. El relato simplemente fluye y el espectador queda prendado con las imágenes en rallenti mientras de fondo el volumen de las balas baja y el de la música de heavy metal asciende. Mérito de ello también es del director Pierre Morel (Búsqueda implacable, 2009).

James Reese (Jonathan Rhys Meyers) es el asistente personal del embajador Bennuington en París (Richard Durden), pero también aspira a ser parte del servicio secreto, para quienes ha estado realizando algunas operaciones encubiertas aquí y allá. Su oportunidad llega cuando le piden que sea compañero de Charlie Wax (John Travolta), quien ha venido a eliminar a una célula de terroristas paquistaníes. El bueno de Reese es un hombre atildado, maestro de la sutileza, que nunca mató a nadie y que nunca, jamás realiza algo por fuera de la ley. El “malo” de Wax es un renegado informal, casado con su revólver y que mata en un promedio de hombre por hora. Sus métodos son eficaces y por eso es el mejor.
Al mejor estilo de personajes como Duro de matar y Arma mortal, Wax se termina enterneciendo y Reese deberá endurecerse y poner a prueba su amor por su prometida Caroline (Kasia Smutniak). La historia es bastante predecible, pero lejos de convertirse en algo negativo, suma a esta producción.

Quienes vayan a ver el film de Morel se van a encontrar con todos los códigos de un film del género de acción, con todos los elementos de Besson, con todos los gags de un Travolta post Pulp Fiction (incluso hay un pequeño chiste con la hamburguesa Royale with cheese), y con el porte de modelo de Rhys Meyers y su falso acento americano…