Sanctum

Crítica de Diego Lerer - Clarín

En el centro de la Tierra

Un grupo trata de sobrevivir atrapado en cavernas.

No hay dudas de que el realizador australiano Alister Grierson tiene talento para crear suspenso. Si supiera dirigir actores, tal vez estaríamos hablando de un nuevo gran talento, pero evidentemente ese asunto se le escapa casi por completo.

Sanctum 3D es una película que genera dos clases de nervios: la de saber qué les pasará a los personajes y la de escucharlos recitar (más bien gritar) sus diálogos como si estuvieran en una obrita escolar.

Una pena, realmente, porque hay material en Sanctum para una muy buena película. El filme se centra en una expedición que se hace en las cavernas de Esa’ala, en Australia, donde varios grupos de personas se terminan reuniendo en las profundidades cuando un ciclón les impide salir del lugar.

La incomodidad y la claustrofobia que genera la situación en la que se encuentran los personajes -la mitad del tiempo bajo el agua y la otra escalando-, va in crescendo, y luego de una primera parte de presentación de personajes de manual (un millonario aventurero, su novia algo despistada, un veterano explorador y su joven hijo con el que no se lleva nada bien), la aventura de encontrar una salida desde las profundidades de la Tierra hace recordar a cierto cine catástrofe de los ‘70 (tipo La aventura del Poseidón ), con el agua al cuello y cada vez menos luz, equipamiento y comida.

El problema de Sanctum es que sus personajes no son interesantes, salvo Frank McGuire (Richard Roxburgh), el veterano explorador, de esos duros que piensan que para salir hay que abandonar a los rezagados antes de correr el riesgo de perecer todos por salvarlos. Esa posición lo enfrentará con el resto de los sobrevivientes, pero uno ya sabe para donde irá la situación al segundo de conocerlo.

Si uno se pone realista, la película resulta un poco incómoda de ver en función del reciente terremoto y tsunami japonés. Pero si lo toma como entretenimiento, este filme producido por James Cameron (y con muchos elementos en común con películas suyas como Abismo, Titanic , y hasta el uso del 3D inmersivo alla Avatar ) propone unos cuantos momentos de intensidad, de esos que obligan a taparse los ojos o involuntariamente contener la respiración.

De haber tenido un guión digno y saber dirigir actores, Grierson podría haberle dado algo de fuerza a los conflictos dramáticos que rodean a esta fuga del centro de la Tierra (los que mueren en el intento, los “sacrificios” que hay que hacer). Pero allí el asunto se le va de las manos. Cameron, aún trabajando con diálogos imposibles, se las arregla para estamparnos sus películas en el cerebro. A su aprendiz todavía le falta mucho.