Rosita

Crítica de Matias Seoane - Alta Peli

Paseo en tren

Lola es una joven madre de tres hijos que necesita -para poder hacerse cargo de ellos- ayuda por parte del padre que la abandonó de chica. Una tarde, al regresar de trabajar, descubre que en su casa solo están sus dos hijos mayores pero no hay rastros de su padre ni de Rosita, la más pequeña. Sus hermanos le dicen que ambos se fueron más temprano en bicicleta a comprar unas zapatillas. Pero después de varias horas sin noticias comienza a desesperarse.

A la mañana siguiente acude a la policía, donde su preocupación crece al enterarse que su padre está siendo buscado en relación a un homicidio en su lugar de trabajo. Llena de culpa y angustia, Lola teme que Omar se fugara del país con la niña, pero a las pocas horas ambos reaparecen alegando haberse quedado varados en el centro durante un paro de trenes. Hay muchos huecos en la historia de su padre y la misma Rosita parece estar ocultando algo, por lo que Lola no va a dejar pasar tan rápido toda la situación sin intentar al menos corroborar la versión que le cuentan.

Vergüenza y secretos

Si la confianza es algo que se construye, entre Omar y Lola faltan unos cuantos ladrillos. Ella sufrió su abandono siendo una niña cuando él estuvo preso y aunque ahora Omar le da a sus hijos un lugar donde vivir no alcanza para reparar sus errores del pasado. Durante toda la historia se nos plantea la misma duda que desvela a Lola sobre si él es realmente una mala persona o sólo alguien de capacidades limitadas para relacionarse afectivamente con la gente, un rasgo del que Lola no está tampoco del todo exenta y que la lleva a mostrar su faceta más dura cuando cree que su hija está en peligro. La vergüenza y la culpa son pilares de esa relación donde hay mucho que no puede ser dicho entre ambos, que aunque sean de generaciones diferentes comparten algunos mismos conflictos respecto a las relaciones intrafamiliares.

Toda la fuerza narrativa de esta película cae sobre el guión y sus protagonistas, que logran sostener el conflicto sin develar una resolución obvia hasta el final por más que finalmente se nos exige aceptar algunas acciones y decisiones poco razonables para que todo cierre. Ambos alternan momentos donde se nos vuelven irritantes o hasta crueles, incapaces de confiar que los otros serán capaces de entender sus miedos o preocupaciones.