Rosita

Crítica de Hernán Khatchadourian - Diario Popular

Crónica de un delito difuso

La película de Verónica Chen narra una situación que se repite a diario en todos los ámbitos de la sociedad

Hubo una época en la que los gobiernos utilizaban el cine, ante la falta de la TV, para informar y concientizar a la sociedad de diversos hechos o situaciones que los ciudadanos pueden enfrentar a diario. Esa función, que se ha ido perdiendo en favor del cine comercial, continúa en la tradición de algunos realizadores como Verónica Chen, que en Rosita se anima a indagar en algunos de los temores que acechan a la sociedad actual.

La historia comienza cuando Lola (Sofía Brito) una madre joven de 3 hijos, todos ellos de padres diferentes, llega a su casa después de pasar la noche con su novio y encuentra que su padre, en cuya casa vive, ha desaparecido junto con la pequeña Rosita.

Desesperada, Lola realiza una denuncia pero a las pocas horas el hombre aparece con la nena, a la que le falta la remera. Con ese panorama, la mente de la joven madre comienza a elucubrar los hechos que llevaron a Omar (Marcos Montes), que cuenta con un pasado marginal, a pasar toda una jornada fuera del hogar con la nena.

¿Quién es una buena y quien una mala madre? ¿Qué nos lleva a definir una cosa o la otra? ¿Cuánto sabemos de las personas que juzgamos? ¿Cuán libremente opinamos, secretamente o en murmullos? ¿Mejoramos como sociedad en los últimos años? ¿Somos más abiertos, más tolerantes, menos machistas? ¿O los vestigios de autoritarismo están muchísimo más instalados en nuestra cultura y en nuestro espíritu de lo que creemos? La directora, conocida por su trabajo en Vagón Fumador (2001), Agua (2013) y Mujer Conejo (2013) hace surgir de la cabeza del espectador todos estos interrogantes a medida que transcurre una historia que, según adelanta, no va a responder a ninguno.