Rogue One: Una historia de Star Wars

Crítica de Lucas Moreno - La Voz del Interior

Herejías en torno a la Fuerza

Nuestro comentario del filme que se desprende de la historia de Luke Skywalker pero se mueve con soltura en el mismo universo.

Rogue One supera a El Despertar de la Fuerza por una razón simple: mientras J.J. Abrams pensó su película como una reconstrucción nostalgiosa y extorsiva de Una Nueva Esperanza, Gareth Edwards, el director de turno, se adueñó del folklore de Star Wars para inaugurar una historia autónoma y original; una bifurcación pagana que se rehúsa a despachar otra variación sobre lo mismo.

El universo barroco que diseñó George Lucas quedó instalado en el inconsciente colectivo, todos sabemos qué es la fuerza, qué hace el imperio, cuán adorables son los droides o cuán interracial es la galaxia. La hazaña de Gareth Edwards consiste en partir de este imaginario sedimentado para subvertirlo y trazar nuevos caminos que nos permitan habitar Star Wars sin el chantaje del copy & paste.

Lo primero que llama la atención de Rogue One es la presencia de un discurso cinematográfico seguro: la puesta en escena sabe qué mostrar y qué sugerir, los encuadres adquieren una elegancia hipnótica, el montaje es milimétrico, y esos clásicos decorados, cuando pensábamos que ya los conocíamos de memoria, están filmados innovadoramente. No obstante, lo que marca un auténtico contrapunto con relación a la saga es su estética realista, una imagen cruda, sucia, que acompañada por la cámara en mano, barniza el filme de precariedad y desolación.

Esta sobriedad es consecuente con el período que Rogue One decide abarcar: un intermedio entre los episodios III y IV. En La Venganza de los Sith, el emperador diezma a los jedis y bautiza a Lord Vader. En Una Nueva Esperanza, Luke Skywalker destruye la estrella de la muerte. Lo que se narra aquí es el robo de los planos de esta arma de destrucción masiva para detectar sus vulnerabilidades.

Entre los rebeldes el clima es caótico: están quienes luchan solos, quienes apuestan a una alianza y quienes pretenden rendirse ante el Imperio. Rogue One queda atravesada por la incertidumbre y el desdibujamiento de bandos. El elenco, de altísima calidad actoral, resulta crucial para respaldar esta propuesta: Felicity Jones interpreta a Jyn Erso, hija de uno de los diseñadores de la estrella de la muerte; su personaje está marcado por el descompromiso ante cualquier causa. Diego Luna es Cassian Andor, un rebelde que no tendrá reparos en cometer crímenes en nombre de La Rebelión. Ambos antihéroes poseen una química extraordinaria, ayudándose a entender qué posición ética asumir ante un contexto hostil.

Madurez
El guion sorprende por su madurez política, retratando la génesis de una guerra de guerrillas y los sentimientos que se esconden detrás de estas convicciones. Un trasfondo complejo que jamás obstaculiza el divertimento, al contrario: la acción es trepidante y hay pinceladas exquisitas de comedia, muchas provenientes de K-2SO, un droide nihilista.

Cuando el cine protege el corazón del relato cada escena potencia su estado anímico. Rogue One entiende qué está contando y bajo qué coordenadas. Asume riesgos y eso es lo mejor que le pudo pasar a la factoría de Star Wars.