Rogue One: Una historia de Star Wars

Crítica de Fernando Casals - Revista Meta

MAKE STAR WARS GREAT AGAIN

Guerra en las galaxias, de verdad. Rogue One: Una historia de Star Wars cuenta lo sucedido entre los episodios III y IV de la saga y tiene la estética y pulso de una película bélica “como las de antes”.

La ópera espacial de George Lucas, es un mundo inagotable y Rogue One toma el concepto de clásicos como “The Dirty Dozen” (1967) y lo lleva a una historia emotiva y excitante sobre un grupo de hombres y mujeres que asumen el máximo sacrificio en pos de un ideal.

Tal vez sea el episodio de Star Wars más oscuro y más lleno de acción, también el de las batallas más impactantes y mejor filmadas. En principio el film dirigido por Gareth Edwards (Godzilla, 2014) tarda en establecer su propio ritmo, equilibrando el fan service con lo que pide la narración, pero al llegar el tercer acto se vuelve imparable.

El guión de Chris Weitz (Cinderella, 2015) y Tony Gilroy (de la serie de películas Bourne) tiene una dosis saludable de humor, pero Rogue One nunca deja de ser una película de guerra con el foco puesto en todos los horrores que crea. La trama se desarrolla como una serie de estrategias bien calculadas y por suerte, no se detiene en el matiz político, como las precuelas de Lucas. Se apega a la sencilla historia de un equipo de buenos chicos enfrentándose a una federación de señores malos y aguantando los trapos de la resistencia.

“Las rebeliones se basan en la esperanza”, dice Jyn. Y punto. La rebelión libera a Jyn Erso (Felicity Jones) con la esperanza de encontrar a su padre (un Mads Mikkelsen deslucido) que es un conocido colaborador del Imperio en la creación de la infame “Estrella de la muerte”.

El equipo que se va formando a medida que encaran hacia el territorio enemigo incluye a Diego Luna como el combatiente de resistencia Cassian (del cual desconocemos su historia) y Alan Tudyk como la voz del droid K2SO, que se roba cada escena en la que participa. Todo lo que sucede después es predecible si se vió Episodio IV.

Sí, Rogue One actúa como un puente entre los acontecimientos de los precuelas y los de la trilogía original, pero también demuestra que no hay ninguna parte en el universo de Star Wars demasiado pequeña para justificar su propia historia. Así de cautivante es el mundo que Lucas creó. En este caso, un agujero en la trama de la primera entrega (A New Hope, 1977) se convierte en una de las películas más sólidas de la saga.

Tampoco se puede dejar de remarcar lo obvio: este es un film de Hollywood, con destino global que tiene como protagonistas a una mujer, un mexicano, un musulmán y un asiático, rebelándose contra un gobierno totalitario. La historia perfecta para darle la bienvenida a la era Trump.