Rocketman

Crítica de Carolina Taffoni - La Capital

Escuchar en el cine canciones como “Your Song”, “Goodbye Yellow Brick Road”, “Tiny Dancer” o “Honky Cat” ya vale el precio de la entrada de “Rocketman”. Recordar esos temas o descubrirlos (para las nuevas generaciones) es una gratificación imbatible. Pero esta biopic de Elton John tiene mucho más para ofrecer. Es inevitable establecer una comparación con la reciente y taquillera “Bohemian Rhapsody”. Después de todo, Elton John y Freddie Mercury comparten los años 70, los brillos y los excesos de esa época. Sin embargo, “Rocketman” tiene muy poco que ver con la película de Queen, que es más una biopic de estructura convencional. Acá estamos frente a un musical (de los mejores), en el cual la narración avanza mediante las mismas canciones. Las letras del gran Bernie Taupin (el socio creativo de Elton) se adaptan perfecto para reflejar una infancia difícil, un ascenso a la fama que parece fácil y un estrellato millonario pero tortuoso, plagado de frustraciones, drogas y hasta un intento de suicidio.

No hay baches en la película, y tampoco golpes bajos. “Rocketman” está concebida en un tono de fábula: es celebratoria más allá de la melancolía, y hasta es un tanto kitsch en sus momentos oníricos. Eso se refleja muy bien en los cuadros musicales coreografiados, que a veces parecen salidos de los clásicos de Broadway.

En ese registro, el actor Taron Egerton se mueve como pez en el agua. Actúa y canta sin necesidad de imitar, y así logra rescatar la esencia de Elton John desde el desborde entusiasta hasta los quiebres más íntimos.