RoboCop

Crítica de Mauro Jacobo - Cinélico

¡Dejen a Verhoeven en paz!

Otra remake que decepciona y van... A esta altura del partido, los cinéfilos deberíamos darnos cuenta que rehacer un clásico de la gran pantalla en el contexto comercial actual de Hollywood, es prácticamente un suicidio artístico, que seguramente reportará buenos números a los dueños de los estudios y productoras por la manipulación de un ícono del séptimo arte, pero que al espectador que va a encontrarse con su héroe de la infancia, le significará una rotura de corazón, de esas que dejan marca. Y es culpa nuestra, en gran parte, porque nos dejamos engañar y vamos con los ojos cerrados a ver la nueva versión de algo que nos encantó en el pasado sabiendo que difícilmente llegue a superarse.
Una excepción a la regla fue por ejemplo la remake de "Dredd" dirigida por Pete Travis. Fue fabulosa y superó ampliamente a su predecesora en cuanto a calidad interpretativa, guión y aspectos técnicos, pero en la taquilla se hundió más rápido que el Titanic tras chocar con el iceberg. Esto no fue culpa de los productores, sino de nosotros los espectadores que cada vez queremos más productos lights y poco trascendentes.
Con este nuevo "Robocop" sucede algo muy similar a lo que pasó con la nueva versión de "El vengador del futuro", también de Verhoeven, que fue reciclada por Len Wiseman en 2012. Los aspectos técnicos están mejorados, tanto lo visual como el sonido, pero se la limita tanto en el sentido artístico que termina siendo otro paquetito más, estándar y aburrido, de esos que nos suele entregar cada año Hollywood para seguir llenando las arcas de unos pocos. La "Robocop" original no era para menores de edad, no trataba de "entretener" en la línea de lo que la Motion Picture Association of America considera que es apropiado para jóvenes mayores de 13 años, por el contrario, era un producto revolucionario y transgresor para su época. En esta nueva versión, lo que la hacía distinta, lo que la daba una personalidad distinguida, lo que la hacía entretenida, fue reprimido y se cambió la dinámica por una de manual, sin creatividad ni corazón.
Hay algunas cuestiones rescatables, como por ejemplo las visuales. La participación de dos grandes como Gary Oldman y Michael Keaton también ayudaron a que el film no fuera un desastre. Lo demás es sólo relleno, incluso la interpretación del protagonista Joel Kinnaman que no logra conectar con el espectador.
Otro clásico que ve manchado su prestigio por la ambición de algunos empresarios más interesados en la creación de expectativas falsas que en la producción de un buen entretenimiento.