RoboCop

Crítica de Mariano Torres - Fuera de campo

Robocop versión 2014 no es un fracaso porque sea una remake (más) completamente innecesaria, ni porque palidece en comparación al clásico de acción de los ochentas que la inspiró (de no haber existido la anterior película, éste film seguiría siendo igualmente mediocre) . Robocop Siglo XXI es una mala película porque comete un gravísimo pecado: ser completamente estúpida creyéndose increiblemente inteligente.

Tan sólo la primer escena es una muestra clara de ello: en el personaje peor escrito de todos, un presentador de TV interpretado por Samuel Jackson, el director José Padilha imita el cinismo de la película de Verhoven con resultados patéticos. Tras varias escenas montadas sin mucho nexo con el resto del argumento, este personaje tiene líneas como "¡América necesita garantizar la protección!" "¡Es por eso que somos el mejor país del mundo!" y, especialmente, la conclusión inevitable (parafraseando) "¡Por culpa de periodistas amarillistas que inciden en la opinión pública suceden estas cosas!". Seguramente el guión original agregue un diálogo adicional que exclama a los gritos "¡¡¡Y estoy siendo irónico!!!", pero el director decidió que quizás era demasiado. Podría haberlo dejado en la película: hubiese sido exactamente lo mismo.

Esta actualización del policía que vuelve a la vida (contradicción cuasi-ATP: aquí, en verdad, nunca muere clínicamente, por lo cual no es un robot sino un hombre con injertos cyborg) peca de grandilocuencia con ideas diminutas, y comete el más común de los pecados del género: no entiende eso de que un héroe -más cercano al superhéroe factoría Marvel en este caso- se mide por la magnitud de sus rivales, y tanto es así que en toda la película no hay un villano con peso, y cuando aparece uno casi al final de la misma, ya es demasiado tarde. El líder de la banda de criminales que manda a asesinar a Alex Murphy, nuestro querido y suponemos que buen-tipo protagonista, casi no tiene interacción con el resto del argumento y apenas si sabemos a qué se dedica. ¿Será traficante de cosas feas y malas? ¿Se portará mal y no encajará en la sociedad? Pobre hombre: quizás hasta sea inocente. La falta de caracterización jamás nos permitirá saberlo.

Y brilla ahí mismo por su ausencia la otrora gran protagonista de la historia: la ciudad de Detroit. Esa ciudad que la primer película, en un chiste visionario, declaró en quiebra veinte y cuatro años antes de que en la realidad esto sucediera, y que aquí nos aseguran desde la producción de esta remake que sigue siendo un desastre y por ello NECESITA un héroe, pese a que los vistosos paneos por los alrededores de la misma describen una vecindad tranquila, donde por momentos daría gusto tener una casa. Al menos una como la de Murphy, el sufridísimo policía que casi muere pero afortunadamente no pierde nada, más allá del aspecto físico, puesto que su hermosa familia lo acoge de vuelta en el nido y su mujer le asegura "vamos a salir adelante". No sea cosa que alguien piense que detrás de este argumento podría haber una tragedia. Es bueno saber, de todos modos, que aunque los medios hablen de inseguridad, en la vieja y querida Detroit aún cuando asoman nubes termina siempre saliendo el sol.

Pero no es culpa de los actores que Robocop 2013 carezca completamente de emoción, ni del diseño de producción mezcla de Tron/Iron-Man/Power-Rangers/Animé genérico, ni mucho menos de la correcta fotografía o los efectos especiales que pueden impresionar a cualquier persona que haya pasado los últimos años de su vida encerrada en casa sin conocer deshechos fílmicos como la saga Transformers e incontables (y últimamente insufribles) películas de superhéroes. No. La culpa es del director, José Padilha, que realmente cree estar a la altura de la ironía ácida de Paul Verhoven (es su error al no haberse distanciado de la competencia) cuando, en verdad, apenas si llega al nivel satírico-fascista-ridículo de un Eduardo Feinmann o Baby Etchecopar.