R.I.P.D. Policía del más allá

Crítica de Felipe Quiroga - CiNerd

FOSA COMÚN

Algunos creen que hay vida después de la muerte. Y aunque parezca loco, también hay laburo después de la muerte. Eso averiguamos en R.I.P.D. – POLICÍA DEL MÁS ALLÁ (R.I.P.D., 2013), film en el que el protagonista, el detective Nick Walker (un Ryan Reynolds más cara de nabo que nunca), es asesinado en el cumplimiento de su deber y, en vez de irse a descansar al Paraíso, se incorpora al Departamento de Policía del Más Allá. Como parte de esta organización, que reúne a otros canas difuntos, deberá buscar y capturar a todos los muertos que se niegan a dejar el mundo de los vivos. Así, Nick se unirá al veterano y amargado Roy (Jeff Bridges), un cowboy que -oh, sorpresa- no quiere saber nada con tener un compañero. Mientras intentan resolver sus diferencias, estos dos agentes de la Ley descubrirán que las fuerzas del mal han puesto en marcha un plan muy jodido. Sí, así como leen, la historia de esta buddy cop movie sobrenatural, con inevitables reminiscencias a la saga HOMBRES DE NEGRO, es bastante simple: la relación entre Nick y Roy es trilladísima, el villano principal es totalmente unidimensional y las secuencias de acción no ofrecen nada nuevo.
Uno de los grandes problemas del film está su argumento: al ya estar muertos, los protagonistas son indestructibles, por lo que no sufren daño alguno al caer desde edificios o al ser aplastados por camiones. Sólo al final aparecen unas armas borra-almas que suponen una amenaza para ellos, pero hasta entonces, nada puede pasarles. Y aunque esto es usado con fines cómicos, la ausencia de un peligro real para los héroes es totalmente contraproducente para la narración. Como vemos, en R.I.P.D. – POLICÍA DEL MÁS ALLÁ, los defectos se apilan unos sobre otros, como si se trataran de cadáveres en una fosa común durante épocas de peste: lamentables intentos humorísticos, una sub-trama romántica bastante chata, un Jeff Bridges en piloto automático (por más onda que tenga, prácticamente repite su personaje de TEMPLE DE ACERO) y unos efectos digitales que no siempre funcionan son otros de los aspectos que hacen de este uno de los estrenos más putrefactos del año.