Ricordi?

Crítica de Gretel Suarez - Visión del cine

Ricordi? es una coproducción ítalo-francesa ganadora del Premio del público en el Festival de Venecia.
Este es un film poético que nos invita a vivir una historia de amor a través de los recuerdos conscientes de sus protagonistas. De allí su nombre, haciendo alusión a la pregunta «¿Te acuerdas?». De esta manera, el relato avanza mientras se entretejen los espacios y tiempos de ambos personajes, teñidos según sus diferentes estados de ánimo, y abarcando la historia desde su primer encuentro hasta la resolución de la relación.

El tratamiento del espacio-tiempo es lo más importante de la película en relación a lo formal. El mismo se enlaza sensorialmente a través de un presente, que servirá como guía, donde las memorias irán dominando la escena hasta adueñarse del film por completo generando un código.

De esta forma lo onírico irá creciendo en el relato, pero jamás nos sentiremos perdidos como espectadores, ya que el trabajo de montaje de Ricordi? es impecable, a pesar de no seguir un orden cronológico. Las percepciones, trabajadas desde la imagen y el sonido, nos abrirán a conocer a las personas desde su lugar más íntimo, su pensamiento emocional.

Lo curioso de esta historia es que ninguno de sus protagonistas está identificado con un nombre propio pero sí con una emoción: él es triste y melancólico y ella, alegre. Desde esas dos simples etiquetas, el director programa un tono del film que irá haciendo mutar lo que vemos y oímos, tratando de atravesarlas con ayuda de los cinco sentidos. Por ejemplo, para idealizar o desvalorizar un recuerdo según sus sentimientos, hace uso de compositores clásicos o aísla sonidos para resaltar uno en particular, respectivamente. Incluso, hay una escena donde su protagonista ingresa a un local de esencias y empieza a olerlas en busca de una fragancia particular; de esta forma, el realizador introduce al olfato como disparador de recuerdos y nos hace oler desde el cine.

Para generar estos viajes sensoriales, el director utiliza una estructura fragmentada que nos invita a reflexionar si somos lo que vivimos, y sostiene en ella que un presente no es sin su pasado, que a la vez es cimentado por las emociones del momento. Estas costuras, que se ven y se oyen en pantalla por cortes directos, convierten al pasado en un nuevo presente, generando que esos recuerdos, convertidos en cicatrices emocionales, se carguen de nuevas perspectivas con el poder de modificar ese pasado tal cual fue recordado desde una mirada más adulta. Esta creación de espacios y tiempos, sumada al de la proyección junto con el del espectador, nos conduce a un sinfín de no lugares, físicos y surrealistas, que el director construye con el solo propósito de hacernos habitar un abstracto, lográndolo.