Respirar

Crítica de Ariel Abosch - El rincón del cinéfilo

Denso drama narrado con una cámara inquieta e introspectiva

Complicados pensamientos rondan la cabeza de Julia (María Canale), una treintañera, recientemente separada, que toma pastillas para dormir, y en sus sueños se ve sumergida en el agua, no puede respirar y se despierta sobresaltada.

Por si fuera poco, no tiene trabajo, a veces ayuda a su padre Carlos (César Bordón) en la joyería, su ex marido Pablo (Esteban Bigliardi) quiere vender la casa, y también, descubre que está embarazada.

Este cúmulo de problemas e inconvenientes tendrá que enfrentar la protagonista de esta película, dirigida por Javier Palleiro. Ella es una chica rara, siempre está reconcentrada, su mente funciona a mil revoluciones. Hace las cosas como puede, sin medir las consecuencias. Miente, fabula, engaña, oculta, se apropia de cosas que no son de ella, se reencuentra con una amiga, Elena (María Villar) para que le consiga un trabajo de antropóloga. Y, por sobre todas las cosas, decide abortar, sin contárselo a nadie.

El film, que es una coproducción argentina-uruguaya, relata unas semanas de la vida de Julia. Vemos cómo se mueve, qué decisiones toma, lo que hace para conseguir el trabajo, la relación de idas y vueltas con su ex, con su padre y la utilización de la confianza de Elena para beneficio propio.

En cada escena está Julia, la cámara sigue sus acciones. El director conduce los distintos ritmos internos de cada secuencia, de acuerdo a los momentos que transita la protagonista, va de la angustia al desamparo, de la furia a la amabilidad, de la paciencia al descontrol y cada cosa que hace está justificada con anterioridad.

De algún modo va viviendo el día a día y ve lo que pasa. Pese a que su entorno la quiere, e intenta contenerla, ella no es confiable porque no sabe bien qué es lo que quiere, parece una bola sin manija. Vive contradiciéndose permanentemente, tanto con sus pensamientos como con sus acciones.

María Canale genera con su personaje una empatía con el espectador. Ella se mueve en aguas turbulentas y su cara rara vez cambia de expresión. Los gestos mínimos de su rostro, justifican perfectamente el volcán interno que traslada, el que de vez en cuando erupciona.

El mundo de fantasía que construyó Julia desde que se separó, se va derrumbando, inexorablemente, porque no tenía de donde sostenerse.

La única conclusión positiva que puede rescatar la protagonista de esta historia es que el derrotero de los últimos días modificó su existencia, de un modo abrumador. Todo lo que le pasó fue para encontrarse a sí misma, desde otro lugar, y descubrir que lo que tanto soñaba era, en realidad, su vida, estar bajo el agua.