Renoir

Crítica de Santiago Berisso - EscribiendoCine

El arte de amar

La Costa Azul, al sur de Francia encuadra, como la historia lo indica, los últimos días de uno de los más destacados pintores impresionistas, el francés Pierre Auguste Renoir. La frontera con el mar Mediterráneo nos regala paisajes a los que, por momentos, duele ver ya que uno, después, se reconoce sentado en una silla y ése es justamente el mayor logro del director Gilles Bourdos en su último film Renoir (2012): una historia donde el romance y el arte se disputan el primer escalafón dentro de una película que cuando quiere se transforma en una pintura en movimiento.

En plena Primera Guerra Mundial, el joven Jean Renoir (Vincent Rottiers) llega herido a su hogar tras haber luchado en el frente. Allí se encuentra con su padre, el viejo pintor Auguste Renoir, interpretado por Michel Bouquet, cuyos dolores lo aquejan continuamente y le impiden vivir con tranquilidad. Una nueva modelo, la bellísima Andrée Heuschling (Christa Theret) llega a su casa ubicada a orillas del Mediterráneo para trabajar con Renoir padre. Será la última modelo con la que trabaje y generará en él un entusiasmo y sentimiento inéditos. No pasarán más que unos pocos días para que Jean comience a enamorarse de ella.

Al ver Renoir, el espectador puede jactarse de conocer la vida y obra del impresionista francés. Y no importa cuán verdadero o real sea ese pensamiento, el hecho pasa porque el también francés Bourdos capta y retrata, en poco menos de dos horas, el espíritu y la devoción por el arte, de una personalidad en su estado más deteriorado, pero no por ello menos prolífico.

Con un ritmo que, por momentos, se hace un poco lento, nos encontramos con un canto al amor en su más exaltada expresión, que tiene como origen la sensualidad de una mujer, Andrée y se derrama hacia el golpeado presente de Auguste Renoir, alicaído por la reciente muerte de su esposa. También, su hijo Jean comienza a abrirle una puerta a su interés por el cine y ella misma será la que lo incentivará a concentrarse de lleno en crear su camino como director en un arte emergente, como era la cinematografía por esos días. Eran los primeros pasos del reconocidísimo cineasta Jean Renoir, fallecido en 1979 con más de diez películas bajo el brazo.

Mientras que Renoir padre pinta la desnudez de dos modelos, entre las que, por supuesto, está Andrée, él le describe categóricamente el significado de una pintura, a su hijo Jean: “Si no te dan ganas de acariciarla es porque no entendiste nada”. Exactamente a lo mismo nos llama Bourdos en cada plano de su film. Nos invita a agarrar el primer pincel que veamos en nuestra cajita que guarda los recuerdos de la primaria y hagamos con él lo que queramos.

Una atractiva historia que, con un Michel Bouquet que convence en el papel de Auguste Renoir y una Christa Theret hecha de porcelana, estará lejos de defraudar a todo aquél que crea en la veracidad del arte por sí mismo.