Refugiado

Crítica de Alejandro Castañeda - El Día

ESCAPANDO DEL HORROR

Laura escapa con su hijo Matías de 7 años. Fabián, el padre, le dio una paliza y la dejó tendida en el suelo. Ahora, la única meta es poner distancia. La escapada ocupará el centro absoluto de este film doloroso y sentido que pone en la vidriera el tema de la mujer golpeada. Y lo hace con armas nobles. Es austero, concentrado, evita los golpes bajos y está bien actuado. No hay discursos ni salvadores milagrosos. El pánico y la angustia pespuntean un relato sombrío que al final deja una puerta abierta a la incertidumbre más que la esperanza. Lo que cuenta es la mirada de ese hijo que no sabe qué hacer. Tampoco Laura imagina qué hay más allá de la huida. Tiene un embarazo de tres meses, un presente lastimado y un futuro sin nada. Es un film honesto, de pocas palabras, seco, que respira un aire recargado de amenazas, vacilaciones y miedo. Laura y Matías huyen sin poder dejar de mirar atrás. Allí está ese padre, pero también ese hogar y esos sueños rotos. El film aprovecha bien el fuera de campo y evita que la pareja se encuentre. Y se apoya en dos buenos trabajos actorales: Julieta Díaz está casi perfecta y Sebastián Molinaro (el refugiado) es un nene real, con rebeldía, bronca, temores y dudas. La secuencia final es sugerente: Matías tira al agua ese teléfono que estaba lleno de padre. Y la cámara lo deja ir. Está de espalda: ¿No quiere mirar hacia atrás?