Recuérdame

Crítica de Rodolfo Weisskirch - A Sala Llena

No se puede resucitar a James Dean.

Si Robert Pattinson quiere que lo recuerden por algún trabajo “serio” y no como el “cara-bonita” de la saga Crepúsculo, o que hizo una pequeña aparición en una Harry Potter, no puede imitar a James Dean.

En primer lugar, debería tomar una clase de actuación en el Actor’s Studio y aprender el “método” al menos. Después que busque su propio método interpretativo, pero… imitar a James Dean… es caer muy bajo. Especialmente para aquellos que conocimos la obra de este increíble actor, de frescura inmortal, que con apenas tres películas se convirtió en leyenda y falleció en un trágico accidente automovilístico.

Podríamos decir que no es culpa de Pattinson elegir un guión tan malo (no hay otra palabra) como el de Recuérdame, pero tomando en consideración que aparece como productor ejecutivo, en algo debió influir para realizar semejante bodrio.

La película empieza en 1991. Dato no menor. Una mujer con su pequeña hija son asaltadas, esperando el tren. A la mujer la matan. Su esposo es policía de Nueva York.

Diez años después conocemos a Tyler (Pattinson), un joven rebelde que va a cumplir 22 años y no sabe que hacer de su vida, excepto vivir de fiesta en fiesta y leer libros en la biblioteca para la que trabaja. Tyler vive deprimido por el suicidio del hermano mayor, a quien admiraba. Piensa que debe dejar algún tipo de testimonio o legado para que no se olviden de él. Vive peleado con su padre (Brosnan),un millonario empresario, a quien culpa de la muerte de Michael, su hermano. Para Tyler, lo único relevante que le queda hacer es cuidar de su hermanita de 11 años, y tratar de que su padre, se preocupe por ella, y como cuido a los hijos mayores. Diferentes circunstancias acercarán a Tyler a Neil (Cooper) y su hija Ally (De Ravin), de quien se enamorará paulatinamente. Ally es la hija de la mujer que matan en la secuencia inicial, y su padre policía, la cuida como si fuera un guardabosques. La pareja se rebelará contra sus respectivos padres, buscando un rumbo a su relación, y a sus vidas.

Si combinamos Al Este del Paraíso (Elia Kazan, 1955) con Rebelde Sin Causa (Nicholas Ray,1955), ambas protagonizadas por Dean, llegaremos a la génesis de esta historia. El conflicto central de la película es obviamente la relación padre e hijo, ya sea uno ausente, o uno omnipresente. La moraleja, es dejar crecer a los chicos, pero por otro lado, acompañarlos en la vida, por así decirlo.

Este tipo de conflictos que suceden en las mejores familias, Coulter (director de Hollywoodland, y miles de series de TV, especialmente Los Soprano), los convierte en la telenovela de las dos de la tarde de manera más burda posible, apelando a golpes bajos, momentos sensibleros, gritos, llantos, besos, video clips románticos vistos en las peores series estadounidenses. Acompañado por melodías contemporáneas. No falta un clisé, ni lugar común. Por supuesto, el comic relief es el compañero de habitación de Pattinson.

A Coultier no se le escapa estereotipo, y esto repercute en las interpretaciones. Cooper, que desde El Ladrón de Orquideas, se convirtió en una figura de gran relevancia, pero su aspecto hosco, lo encasillaron en el personaje del conservador / borracho / policía violento. Brosnan es el típico empresario frío, sin la calidez del Michael Douglas de Wall Street pero un comportamiento más serio, que lo alejan cada vez más de James Bond. Se muestra creíble en el personaje, pero los excesos dramáticos del guión lo obligan a sobreactuar. Lena Olin completamente desaprovechada como la madre testigo. Solamente Emile de Ravin aporta mayor simpatía y gracia a su personaje,

Pero Pattinson se come al elenco. Y no porque sea buen actor. Tan solo por ser narrador y protagonista. Se trata de un monigote. Un verdadero vampiro, pálido, andrógeno, escuálido sin una mínima expresividad. Todos sus diálogos están dichos con el mismo tono parco. Y no hace falta aclarar que cada línea, encima es peor que la anterior. Cada diálogo es previsible, mil veces visto.

Y como si esto no fuera suficiente para completar el tedio, Coultier no acierta con los encuadres, con la puesta de cámara, con la iluminación (no hay una sola puesta lumínica de interior donde no me haya distraído pensando donde estaba cada farol). Realmente se trata de una película que visualmente pretende ser prolija, y termina siendo peor que un cortometraje de un estudiante de cine de primer año. Hay errores de montaje que son increíbles para un film industrial.

No se trata de una película siquiera hecha en piloto automático. Directamente, es “algo”: un “ente melodramático” cuya exhibición y realización resultan inexplicables. Resulta anticuada en el peor de los sentidos. Ver hoy en día las obras de Kazan y Ray siguen siendo inspiradoras, tensionantes, apasionadas. Recuerdame es lo opuesto.

Teniendo en cuenta, que Coultier, con Hollywoodland trató de recuperar el espíritu del film noir de los ‘50s, así como la desmitificación de los “héroes” de esos años, no es difícil creer, que con esta película trató de revivir los melodramas adolescentes de ese periodo, pero llevado hace 9 años atrás. Aclaro, Hollywoodland no me gustó. Fue una gran decepción porque la historia prometía contar aspectos interesantes sobre el star system de la década, pero se perdía en densas escenas de diálogos inertes, y pistas falsas. Al final no tenía ni una pizca de noir, ni de tensión, ni de dramatismo o suspenso. Lo mismo o peor, mejor dicho, sucede con Recuerdame.

Pero si el principio y desarrollo son más difíciles de tragar que bola de naftalina, el final es un insulto a la inteligencia del espectador. Fetters y Coulter se las arreglan para introducir pistas sobre como (o mejor dicho, cuando y donde) va a terminar la historia. Cada espectador lo resolverá de forma distinta seguramente. Por mi parte, me di cuenta cuando el protagonista mira en el cine la secuela de American Pie (¿no podía haber elegido un película mejor de ese año?). Una cadena de razonamiento, me llevo a razonar, la fecha en que sucede la película y el lugar. El resto, por lo tanto es previsible.

Y sí, van a correr lágrimas… pero de bronca. Porque si alguno no lo entendió (o se quedó dormido capaz), Coulter no encuentra un cajoncito para las sutilezas, y no solamente indigna la redundancia del relato en off de Pattinson, sino también la manera burda, obvia, subrayada con que remarca cual va a ser el destino de Tyler en el final del relato.

Me molesta cuando ciertos “críticos” hablan de los hermanos Coen, como realizadores, que se creen que están por encima del espectador, y se burlan de la inteligencia de los personajes. Los Coen no lo ocultan: critican y se ríen, de y con el espectador (bueno, no a todos les cae bien el humor Coen). Pero Coulter es pretencioso e ingenuo al pensar que el espectador es demasiado estúpido para no darse cuenta de su jugarreta. Repetir tantas veces el mensaje y la información más banal ES burlarse deliberadamente de la inteligencia y la paciencia del espectador. Y ni hablar del cinéfilo, amante del cine clásico, al que ya nada puede sorprender, y solo pide… respeto por aquel cine.

No solamente se trata de un film, pretencioso, pobre, retrógrado, insultante, indignante y manipulador, sino también, un producto irrespetuoso, que no solamente desmitifica a la leyendas y glorias, del cine de la edad dorada de Hollywood, sino que los pasa por encima y se ríe de ellos.

Elia Kazan, Nicholas Ray y James Dean deben estar revolcándose en sus tumbas. Recuerdame es totalmente olvidable.