Recreo

Crítica de Héctor Hochman - El rincón del cinéfilo

Esta producción escrita y dirigida a cuatro manos por Jazmin Stuart (también protagonista) y Hernan Guerchuny, directores de “Pistas para volver a casa” (2014) y “El critico” (2013), respectivamente, intenta sostenerse cual escalera en busca de un objetivo. Esa escalera, representada por las variables de guión y actuaciones poco tiene de búsquedas estéticas o estructurales, o narrar con los demás elementos cinematográficos a su alcance.

De progresión lineal donde no hay pasado, sólo el que se presupone por el texto mismo. Pero qué sucede si a falta de hacer jugar los espacios a través de la puesta en escena, o las posiciones de cámara, o el diseño de sonido, se le agrega un guión que no se sostiene. Una pata de la escalera es endeble, no sostiene, y el objetivo es casi inalcanzable. No por mala escritura sino por deficiencias en el desarrollo de los personajes, algunos presentados sin elaborar luego, otros sin justificar desde las acciones, y otros, en cambio, no se sostienen por la falta de resolución, entonces todo queda supeditado a la performance de sus intérpretes, que salen airosos pero no se sabe de que.

Tres parejas con sus hijos. Un fin de semana largo en la casa de campo de Leo (Fernán Miras) y Andrea (Carla Peterson). A ella llegan invitados Mariano (Juan MInujin) junto con Lupe (Jazmin Stuart), padres primerizos, también Nacho (Martin Slipak) y Sol (Pilar Gamboa), padres de trillizos en la primera y tierna infancia. En la casa se encuentra el hijo púber, el casero con su familia pronto a hacer el asado, y la hija de ambos.

Pero todo se trata de sostener en el reencuentro entre amigos, el poner en suspensión la vida cotidiana y pasarla bien a destajo, pero las risas iniciales se irán convirtiendo en reclamos del pasado, conflictos no elaborados, rivalidades nunca expuestas, secretos ocultos, cruces inesperados.

Tratando de funcionar como una radiografía de los 40 años de la clase media alta argentina, algo tampoco muy logrado. Como un intento de profundizar la dualidad de la vida familiar, con la fantasía de volver a la adolescencia, las contradicciones de la vida aburguesada en trance con la ideología de antaño y el tiempo que se les escapa.

Si algo había de interesante, y con cierto tono hasta casi intrigante, era el accionar de ese joven preadolescente y su relación con un cachorrito canino caído en desgracia, pero esto es dejado al azar sin resolver. Otro momento que se despega de la apatía general del guión es la insinuación de alguna pareja cruzada, pero también esto se queda en lo prolegómenos.

Una historia coral que apela a que cada pareja tenga sus cinco minutos de gloria, que cada actor pueda exponerse, dar cuenta de su capacidad histriónica, que lo hacen muy bien a pesar de sus parlamentos, en este rubro Pilar Gamboa les saca varios cuerpos de ventaja al resto, pero no es jazz, no es rock, todo se nota muy premeditado y acartonado, sumado a situaciones inverosímiles entre los personajes, el filme termina porque la idea era pasar un fin de semana, no porque algo haya evolucionado o modificado, sólo por la necesidad de que se instale un final.