Que vivas 100 años!

Crítica de Nicolás Pratto - Funcinema

LA VIDA LE SIENTA BIEN

La primera vez que tuve noción de la muerte, fue una tarde viendo Mi primer beso (¡esas malditas abejas!). No recuerdo la temprana edad que tendría, pero me sorprendió ver al chico acostado en el ataúd, a la vista de todos. Obviamente que la explicación adulta fue “está durmiendo”, aunque uno por dentro intuía algo más. Al crecer, se entiende que parte de la vida también es su final, pero también surge otro miedo que es igual o peor a la muerte: envejecer. Después de todo, hay más publicidades de cremas antiarrugas que de funerarias. Eliminar de forma superficial el paso del tiempo, su erosión, ocultando la edad. Luego, se llega a un número, rozando el ocaso de una vida, donde ya nada de eso importa. Se ofrecen dos caminos, el documental. ¡Que vivas 100 años! nos introduce en uno de ellos.

Víctor Cruz recorre la historia de diversas personas mayores de 80 años que, pese a los achaques naturales, mantienen su espíritu con vigor. Desde Costa Rica, pasando por Italia, hasta Japón. Panchita, una mujer de 106 años, rodeada con sus hijos, esperando su muerte, feliz con lo vivido y agradecida. Pachito, un jinete que no usa bastón porque tiene a su caballo, en contra de las indicaciones para que deje la montura. Adolfo, organizando su fiesta de cumpleaños 93, y anhelando cumplir su sueño de volar. Finalizando con Tomi San, una abuela que forma parte de un grupo pop de la tercera edad, furor en Japón.

Diversas regiones, climas, culturas, pero la dicha en movimiento como eje. El ejercicio, el contacto con la familia, esas amistades que no pierden lustro, como si la experiencia fuera un tamiz donde se conserva lo vital. Y la actitud, la carne puede ser débil, pero la entrega no se negocia. En un mundo donde la esperanza de vida aumenta, pero también la edad laboral se minimiza, donde ya con tener 30 años se cierran algunas oportunidades, ¡Que vivas 100 años! nos muestra que hay vida antes de la muerte. Una vida productiva, manteniendo el espíritu con humor.