Posesión infernal

Crítica de Alan Echeverría - Cinéfilo Club

Terror y sustos gore al extremo

Superando la clásica y berreta línea media de la gran mayoría de las películas de horror, Posesión infernal provee al espectador de una hora y media desbordante de tensión y repleta de saltos.
Dirigida por el joven uruguayo Fede Álvarez (35 años), quien saltó a la fama gracias a su célebre e híper reproducido video en Youtube (Ataque de Pánico), esta remake de Sam Raimi cuenta con el atractivo de ofrecer una dinámica agobiante, en donde la musicalización acelera el pulso y las infinitas secuencias de sustos parecen no dar respiro alguno.
Visceral y con unas inconmensurables dosis de cine gore, el film parece envolver al público bajo una atmósfera repleta de violencia gráfica, excesos de sangre e impecables raciones de efectos especiales. Lo destacable de la cinta es que logra imponer algo que a la mayoría de las proyecciones de este género le cuesta, y esto radica en los aires tétricos que se le imprime a cada escena: por momentos, salvando las distancias, muy similar al impacto visual generado por la antigua El Exorcista de 1973.
Posesión infernal cuenta con la ventaja de prácticamente no necesitar de diálogos, dado que la historia va construyéndose sola a base de su vertiginoso ritmo. Más allá de eso, el problema principal del relato tiene que ver, paradójicamente, con la inmensa cantidad de sustos que genera: son tantos y tan consecutivos que en determinadas instancias el espectador ya está listo para recibirlos, y aquí pierde la sorpresa para un nuevo salto de butaca como el que venía sufriendo minutos anteriores.

LO MEJOR: buen manejo del terror, dinámica. Sobrepasa la línea media de un género mediocre cinematográficamente.
LO PEOR: en determinados momentos cae en previsibilidades que obstruyen la generación del factor sorpresa en el público.
PUNTAJE: 6,5