Pompeii, la furia del volcán

Crítica de Lucas De Caro - Toma 5

DONDE HUBO FUEGO, CENIZAS QUEDAN

Dicen que el amor mueve montañas y lo puede con todo. Que si existe, no importan las guerras alrededor ni lo que opinen y piensen los demás. Y que con él, uno es capaz de hacer cualquier cosa y encuentra fuerzas para enfrentarse hasta al más malvado de todos los guerreros. ¿Pero qué pasa si el poder político y hasta la madre naturaleza lo quieren hacer imposible?
Paul W.S. Anderson, conocido por ser el encargado de llevar “Resident Evil” a la pantalla grande, enciende el fuego y nos trae consigo “Pompeii”, otra muestra de su afecto por el cine de acción y las aventuras dramáticas. En este caso, nos remonta al siglo I a la ciudad de Pompeya, uno de los principales centros de la Antigua Roma. La misma es recordada por haber quedado sepultada bajo las cenizas del Monte Vesubio, considerado uno de los volcanes activos más peligrosos del mundo.
Con algunos tintes que recuerdan a “Gladiator” (2000), el director elige para esta ocasión una estructura narrativa sumamente industrial, en la que pueden evidenciarse tres actos y un manejo del clímax correcto, en el que todas las líneas se cruzan a la espera de que alguna de ellas resulte victoriosa. Además, se encuentra acompañada por una música acorde a las situaciones pero que no deslumbra y un elenco llamativo, encabezado por uno de los galancitos de moda: Kit Harington (John Snow de “Game of Thrones”).
En este relato, Milo (Harington) es un esclavo celta que irá demostrando que en realidad es un salvaje guerrero. Tras quedar flechado por la mirada de esos hermosos ojos verdes de la brillantemente iluminada Cassia (Emily Browning), comienza una lucha a muerte con el descorazonado Corvus (Kiefer Sutherland, galardonado por “24”), el emperador de Roma que también desea a la mujer y autor del asesinato de sus padres. Sin embargo, parece ser que el amor que se tienen los dos jóvenes no sólo mueve montañas, sino también volcanes.
A partir del estallido del Vesubio, se encuentra el valor agregado que posee la película. Las escenas que se desencadenan tras este fenómeno, cortan definitivamente la monotonía y obviedad del relato y despierta a los dormidos en la sala. Los efectos especiales comienzan a ser protagonistas, el circo romano ya no importa y la lucha por la supervivencia se inicia.
En este contexto, resulta algo extraño que un muchacho guerrero tenga la barba recortada, que se enfrente a todo sin sufrir rasguño alguno y que un emperador romano y sus sometidos hablen un perfecto inglés, lo que hace recordar que en Hollywood lo comercial está por encima de la verosimilitud espacial y temporal. En fin, ambos luchan por la misma mujer, uno lo hace por pasión mientras el otro por mera obsesión y cosificación, quedando así enfrentados en una historia en la que todos quieren demostrar qué es el poder y quién lo tiene.
Diciéndolo de otra manera, la cinta trae en su trasfondo una simple cuestión que es la de demostrar quién tiene más fuerza: si los políticos, los gladiadores, el pueblo, los dioses, la madre naturaleza o el amor de una pareja. A medida que los minutos transcurran, la solución se irá evidenciando.
En síntesis, es una película que aviva el fuego cerca del final y entretiene gracias a su ritmo acelerado, pero no termina de convencer ya que trae pocas sorpresas y casi no roba sonrisas. Veremos si asombra a los fanáticos del género o si termina enterrada bajo polvo como esta ciudad.