Pibe chorro

Crítica de Facundo Fernández Roldán - Alta Peli

Luego de ganar la competencia internacional de la edición número 18 del BAFICI con su opera prima, codirigida con Francisco Márquez, La Larga Noche de Francisco Sanctis, Andrea Testa nos trae Pibe Chorro, un ensayo sobre una realidad que a base de prejuicios, decidimos pasar por alto.

Todo preso es político
Vivimos en una sociedad de prejuicios, ideas preconcebidas y una tendencia a la estigmatización social. Pibe Chorro no hace más que mostrarnos esa cara de la misma moneda de un país que, por un lado llora a las víctimas, busca crucificar a los victimarios, y por otro lado decide soslayar toda una cuestión sociocultural de raíz que necesita ser cambiada en nuestro país.

Pibe Chorro busca sensibilizar acerca de los miles de jóvenes de bajos recursos, aquellos a los cuales por usar determina ropa, nacer en algún barrio o villa en particular, o escuchar cierto tipo de música son rotulados como posibles delincuentes.

La sociedad y el sistema penal forman una máquina que únicamente busca castigar sin sopesar las diversas cuestiones que llevan a desembocar en la delincuencia, pasando por alto la gran mentira de la reinserción, sin tener en cuenta el marco de vulnerabilidad en que nacen esos jóvenes.

Ana Testa echa mano de varios recursos para intentar poner en escena una idea que termina resultando no muy diáfana, sabemos a lo que apunta el documental, pero no sabemos hacia donde se dirige, o cual es el hilo conductor del mismo, algo que termina dinamitando todas las buenas intenciones de esta propuesta.

En la cinta contamos con entrevistas a transeúntes, un abogado, docentes universitarios, dirigentes de organizaciones, y hasta de los mismos chicos que se encuentran –o se encontraban– privados de su libertad.

Inclusive la directora se dio el lujo de integrar a todo este esquema escenas con poesía escrita y recitada por el dramaturgo Vicente Zito Lema o contar con una breve aparición de Damián Quilici, un curioso personaje que realiza stand up, intentando mostrar una porción de la cultura villera.

Gaby es un nombre que escucharemos en repetidas ocasiones durante la cinta, pero nunca se ahondara en quien fue –más allá de que tenía 16 años–, o que hacía, solo sabremos que buscaba brindar ayuda a aquellos jóvenes que eran fustigados por la droga, y finalmente conoceremos su triste desenlace. Sin embargo, resulta ser un personaje del cual se habla mucho, pero se conoce poco.

Es cierto: el sistema penal está podrido, la inclusión social es una falacia, y el consumismo invita siempre a querer más, lo que termina generando una sociedad llena de contrastes sociales duros, una sola escena basta para retratar todo lo que la cinta propone: un plano aéreo en el cual de un margen tenemos casas tipo country, mientras que del otro lado del muro existe una villa intentando subsistir.

No es una cuestión nueva, es un tópico que seguirá lastimando a generaciones de generaciones si no se muestra ni un ápice de mejora, la inseguridad no es una sensación, así como tampoco lo son las historias de esos jóvenes que no quieren ser tapados bajo una alfombra que los esconde. Un hilo conductor le hubiese sentado mejor a esta propuesta que parece haberse quedado varada con su bote en medio de un mar de posibilidades.

Conclusión
Pibe Chorro hace tomar conciencia poniendo el ojo en el contexto en el cual nacen, se desarrollan y viven los jóvenes que desde los primeros compases de su vida deben estar bajo el yugo de una sociedad que los ve como posibles delincuentes. La intención del documental es plausible, los recursos que usa son encomiables, pero a pesar de tirar de muchos hilos, finalmente no termina moviendo nada. Una lástima.