Philomena

Crítica de Emilio A. Bellon - Rosario 12

Un viaje para confirmar lo que intuía

En la película de Frears, se plantean numerosos interrogantes en lo que hace a las creencias religiosas y el nombre de Dios. Una historia que si bien parte de hechos de la crónica, se viste, por momentos, de tonos de fábula.

En el último Festival de Venecia, la nueva y tan esperada realización de Stephen Frears obtuvo el premio al "mejor guión", escrito por Jeff Pope y Steve Coogan, este último igualmente co-productor y actor principal del film. Para la inminente entrega de los Oscars, a celebrarse el 2 de marzo, Philomena está presente con cuatro nominaciones: mejor film, actriz, guión y banda sonora.

Una observación inicial me asalta y me confunde: ¿si un film es elegido como el mejor en ese rubro, en este caso, Philomena, esto no nos lleva inmediatamente a su director?. Esto es a esta figura que diseña, reúne, planifica, pone en acto, revisa y recrea, coordina, junto con todo un gran equipo de nombres destacados según sus las diferentes funciones y responsabilidades. Y entonces ¿por qué no ha sido nominado como "mejor director", Stephen Frears? Lo mismo golpea de cerca a los realizadores de Her y Dallas Buyers Club.

Un film conmovedor, ¡con mayúsculas!. Quise iniciar este párrafo de esta manera. Un film que se plantea, a partir de un relato clásico que bien nos puede retrotraer a un cine de años idos, como una búsqueda, frente a un ultraje institucional, frente al ocultamiento, a la simulación y a la mentira. Un film que en su desandar un camino de vida, páginas autobiográficas, deja al descubierto, desde una entrecortada voz, el grito semiahogado de los que intentaron ser silenciados.

A sus ochenta años la actriz Judi Dench luego de habernos brindado en el cine variados y notables roles, compone desde este testimonio literario, firmado por el periodista Martin Sixsmith, a Philomena Lee, una mujer que se coloca en el camino de un deseo interno, que siempre estuvo presente: salir al encuentro de aquel hijo que le fue arrebatado, cuando era adolescente, cuando estaba como interna padeciendo los castigos en ese asilo religioso, en el que las monjas explotaban a las madres solteras hasta el desmayo, en su Irlanda natal; vendiendo esos hijos a adineradas familias, muchas de ellas, extranjeras, que cruzaban el Atlántico para comprar por elevadas sumas a esos "hijos del pecado".

Fue entonces cuando recordé, en relación con esta ominosa situación, denunciada hoy en numerosos libros, aquel film de Peter Mullan, actor de Ken Loach en Mi nombre es Joe, ambientado en Dublin en los 60, En el nombre de Dios: The Magdalene Sisters, cercano a lo que es un film de terror, por las vejaciones, castigos, humillaciones que padecían las internas. Una historia que en Philomena nos conduce al nombre de la hermana Hildegarde, que se mueve entre los recuerdos de la protagonista y a partir de un presente que lleva a dos actitudes confrontadas.

Al nombrar a Frears, nacido en Inglaterra en el 41, recordamos Ropa limpia, negocios sucios, Susurros en tus oídos, Relaciones peligrosas, Ambiciones que matan, La Reina. Y con la misma Judi Dench esa sorprendente y eufórica comedia ambientada en Londres en los años de entreguerra, en el mundo del music hall, Mrs. Henderson presenta. Con su mirada siempre atenta a los comportamientos, a los vínculos entre sus personajes, a esos momentos epifánicos que los espectadores compartimos con ellos.

En el film de Frears, que ha llegado en estos días a las puertas de la sede del nuevo Papa, de la misma mano de la actriz junto a la persona que inspiró el libro y el film, Philomena Lee, se plantean numerosos interrogantes en lo que hace a las creencias religiosas y el nombre de Dios. Y siempre en situación de diálogo, Philomena con su acompañante, este escritor, ya no periodista de las Cámaras, degradado en sus funciones por haber escrito "de más", abrirán numerosos debates en torno a complejos temas, a medida que van construyendo, ese viaje, que los llevará a otras tierras, en el que la misma madre podrá llegar a conocer, a saber un poco más, a confirmar todo lo que intuía.

Con algunos momentos de sincera emoción, de franca ternura, Philomena nos invita a escuchar y a ser partícipes del relato de los otros. Y el mismo humor está presente en más de una situación, entre la ingenuidad y la ironía. Y este ir preguntando sobre ese hijo, este querer saber sobre su paradero, va acercando a esta mujer, lectora de novelas románticas, a este escritor que va detrás de la Historia de Rusia, en un primer momento, desde un aprendizaje mutuo que desafía a los prejuicios.

Desde aquel personaje víctima del Alzheimer, la novelista Iris Murdoch, en el film Iris de 2001, dirigido por Richard Eyre, junto a Jim Broadbent y Kate Winslet hasta llegar al rol de esa despiadada y posesiva madre que asume en el film de Clint Eastwood, J.Edgar (2011), junto a Leonardo di Caprio, entre tantas otras composiciones, Judi Dench nos sigue asombrando (al igual, que Helen Mirren y Meryl Streep) por esa capacidad de poder construir sus personajes desde los pequeños gestos, desde esos matices discursivos, desde sus miradas. Cómo olvidar, desde aquí su pudoroso rol en el film de David Jones, junto a Anthony Hopkins y la siempre excepcional y recordada Anne Bancroft, Nunca te vi, siempre te amé y al mismo tiempo su pérfida violencia, su sinuoso accionar, al lado de Cate Blanchett, en Escándalo?

Ahora, tanto ella como Steve Coogan nos ofrecen en Philomena, una historia que si bien parte de hechos de la crónica, se viste, por momentos, de tonos de fábula. Y que es al mismo tiempo un relato en el que ciertas notas de humor nos salen al cruce a la vuelta de la esquina, dando a un giro a su reconocible fisonomía de melodrama de los años 50, con flash-backs incluidos, que por otra parte despierta a interrogantes de proyección actual. Y la voz de su realizador sigue allí, al gritar con fuerza, al denunciar de manera contundente, la impunidad de la gozan ciertas instituciones.