Perros del viento

Crítica de Gustavo Castagna - A Sala Llena

RETORNO AL PASADO

Un film sensorial, de escasas afirmaciones y de extremos silencios, dubitativo desde el punto de vista dramático pero original debido a su puesta al abismo, por momentos desconcertante, termina resultando Perros del viento del rosarino Hugo Grosso.

Esa apuesta a una zona intangible y de inestabilidad permanente ya se presenta en la escena-prólogo: el suicidio sin explicación alguna de una perra siberiana, en el Parque de España de Rosario, ante la sorpresa de Laura, su dueña (Gilda Scarpetta). Desde allí la narración se ubica en un ciclo transmedia, en España, en un programa sobre comportamiento animal, donde trabaja Ariel (Luis Machín), un exiliado. El relato conectará esos dos mundos a través de un retorno al pasado, una vuelta de Ariel a su lugar de origen, una travesía donde el hecho ocurrido con el can sirve como pretexto: un MacGuffin que oficia como disparador argumental para darle lugar a la interioridad de un personaje y sus afectos (una ex pareja, su mejor amigo, una tía) junto a un paisaje que adquiere un significado distinto a propósito de los diversos reencuentros.

En esa planicie narrativa, donde el sonido cobra protagonismo, Perros del viento presenta sus mejores momentos. Las referencias aluden a un affaire anterior entre Ariel y Laura, ahora casada con José María (Roberto Suárez) aquel mejor amigo (y con un hijo en la pareja), junto a la suma de interrogantes que la película plantea y que el personaje central deberá desovillar en su retorno al lugar natal.

Ocurre que esa extraña y sugerente atmósfera que el director transmite a determinadas escenas condice con el comportamiento de los personajes.

En ese sentido, el tono elegido es serio y ceremonioso, sin atisbos de felicidad alguna desde Ariel pese a sus reencuentros y afectos perdidos y pendientes. Acaso los diálogos que establece con la tía (Marta Lubos) y con el hijo de la pareja (Lorenzo Machín) actúan como pequeños oasis entre tanta solemnidad expositiva.

Son los riesgos que elige el director desde su puesta de cámara y de una escritura fílmica que, en algunas zonas, se dirige a una peligrosa impostación. En otras palabras: Perros del viento es una película que escamotea los lugares comunes y los tips de una historia donde un personaje se reencuentra con afectos de antaño pero en determinadas elecciones temáticas y en el marcado tono grave al que recurre en más de una ocasión trastabilla en su propósito narrativo, ingresando en una zona de inválida de identificación hacia un supuesto espectador.

En ese bienvenido riesgo, aun dentro de sus indecisiones dramáticas, la película encuentra un plus de calidad en el trío actoral protagónico (Machín, Scarpetta, Suárez) componiendo dificultosos personajes que también se alejan de la medianía y del carácter superficial en esta clase de historias.