Perdida

Crítica de Rodolfo Weisskirch - Loco x el Cine

De entre los muertos

El maestro del cine, Alfred Hitchcock, decía: “Cuando intentaba hacer una película distinta de la que se esperaba que hiciera y fracasaba, siempre tenía un “Run for Cover”. Un “Run for Cover” es aquel tipo de film que sé que el público espera que haga y que son los que mejor sé hacer”. Esta regla de oro del creador de Psicosis, es una ley dorada en Hollywood. Cuando algo no funciona, hay que volver a Hitchcock. Hitchcock en sí es un “Run for Cover”.

Y David Fincher le debe mucho a Hitchcock. El director de Pecados Capitales, reinventó el género del policial estadounidense, regresando a los climas y personajes del noir, pero agregándole suficientes vueltas de tuerca, capaces de sorprender al espectador y no servirle todo en bandeja. Si bien Fincher ha probado introducirse en otros géneros, como el drama, con Red Social o El Curioso Caso de Benjamin Button, es el misterio, el whodidit – otro término hitchcoiano – el que mejor le sienta. Pero no porque le interesa generar dudas al espectador acerca de “quién es el asesino” sino porque le sirve como mecanismo narrativo, para dar vuelta el tablero e impactar manipulando la información y las convenciones del género, apostando por una estética identificable. Fincher, dentro del “género” de misterio se ha convertido en un autor moderno, capaz de transformar un producto millonario como la saga de Alien o la saga de novelas de Millenium como obras acordes a su filmografía. De hecho, Alien 3 – injustamente subvalorada – es una obra de misterio. No importa cómo van a matar a todos los extraterrestres que acechan en la prisión de Ripley, sino como la protagonista va a conseguir sobrevivir al tiempo que una de las criaturas crece en su interior.

El cine de Fincher no es complaciente. No solamente puede ser capaz de cambiar las reglas a la mitad del relato – como sucede en Pecados Capitales, donde el villano se entrega solo – sino que además, es capaz de dejar abierta la narración o dar finales no concluyentes o bastante amargos.

Teniendo como antecedentes dos extraordinarios thrillers como Zodiaco o La Chica del Dragón Tatuado, Perdida, basada en la exitosa novela de Gillian Flynn parecía un típico proyecto Fincher. Y acaso lo es. Una novela noir con suficientes vueltas de tuerca para sorprender sobre la marcha y un final – que si bien fue cambiado para el film – se adapta a todos los finales que Fincher viene realizando a lo largo de su carrera.

La historia podría haber sido filmada por Hitchcock tranquilamente y el director es conciente de ello. Tenemos un protagonista que juega el rol del “falso culpable”, se revela el misterio primero al espectador que a los personajes centrales, provocando una verdadera sensación de suspense, permitiendo que se realice una comunicación espectador-protagonistas – el signo de advertencia inútil – y no falta el típico fetichismo hitchcoiano, una protagonista rubia, hermosa, elegante, que sugiere más de lo que muestra; sensual, pero no sexual.

Prácticamente, Fincher desaparece y le deja su lugar al fantasma resucitado de Hitchcock. Sin embargo estas no son las únicas referencias del director. Toda la película tiene el aroma de una novela negra de James Cain, autor de El Cartero llama dos Veces y Pacto de Sangre, entre otros clásicos. Historias donde mujeres despechadas manipulan y utilizan hombres, aparentemente seguros, para fines criminales.

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El protagonista de Perdida es Nick – Ben Affleck, en una correcta y austera interpretación – un escritor y periodista, que conoce a Amy, la hija “perfecta” de un reconocido autor de libros infantiles. La pareja se enamora, se casa y forma un hogar sin hijos en Missouri. Sin embargo, cinco años después, el matrimonio atraviesa una crisis incrementada por la recesión económica. En la mañana del quinto aniversario, Amy desaparece. El caso se convierte en una revuelta mediática, y pronto Nick va a pasar de ser el pobre marido de la víctima a transformarse en el sospechoso número 1. Los programas periodísticos lo condenan y termina por condensar sus fuerzas en defenderse públicamente, más que en buscar a su esposa.

El film no solamente hace hincapié en el lugar de los medios en la sociedad media alta estadounidense, sino también en los prejuicios sociales, la misoginia y el feminismo, la influencia de la aristocracia, la institución matrimonial como una vidriera del status quo.

Lo atractivo de Perdida, es que la narración también tiene – a través de flashbacks – el punto de vista de Amy, lo cuál presupone otro punto de vista, que irá derivando en más de una sorpresa.

Fincher se mantiene fiel a su estilo visual. Climas fríos, otros más barrocos, puesta de cámara seca, cámara bajo y extensos travellings acompañando a los protagonistas por estrechos pasillos, montaje fluido y densos acordes de Trent Reznor y Atticus Ross que acompañar el melodrama y tensión.

Sin embargo, más allá de eso, esta vez, hay un adicional: el humor, la ironía. Fincher apela a relajar los climas con algunos diálogos y personajes más livianos de lo acostumbrado. No parece casual la elección de Tyler Perry o Neil Patrick Harris, que básicamente interpretan una versión más “seria” de los personajes que iconizaron en televisión. Esto permite que la narración sea menos solemne, pero al mismo tiempo menos trascendente, dejando la sensación de que no se trata de uno de sus films más personales o mejor establecidos. Perdida es una película que aporta más al cine estadounidense, por su notable argumento, que a la filmografía de Fincher, que parece haberla realizado “de taquito” o por encargo.

Pero esto no quita que tenga un gran mérito: Rosamund Pike. La ex villana Bond sorprende en el rol de Amy, remitiendo a una femme fatale de otra década. Más precisamente a Lana Turner, Ingrid Bergman, Rita Hayward o Barbara Stanwick. La frialdad, elegancia y sensualidad de Pike combinan con su mirada astuta e inteligencia para manipular a los personajes centrales del film. Fincher decide filmarla como si fuera Douglas Sirk, y la transforma – al mejor estilo de Hitchcock, que transformó a Kim Novak en dos personajes distintos en Vértigo – de una muñeca de lujo perfecta a la típica ama de casa de los ’50. La actuación de Pike está al altura de lo planteado en la novela, conquistando al público con una mirada punzante y sutilezas de carácter, donde la fotografía de Jeff Cronoweth se convierte en el cómplice principal del personaje.

Aún cuando no se posiciona dentro de sus mejores trabajos – quizás siempre esperamos más de Fincher – Perdida no es un film más. Es un thriller cinéfilo, clásico, que tiene la capacidad de enganchar al espectador durante dos horas y media, sin apelar a grandes sobresaltos.

Acaso como hacía Hitchcock. Y es sabido. Siempre está bueno traer a Hitchcock, de entre los muertos.