Perdida

Crítica de Martín Chiavarino - Metacultura

Los entramados de la trata

El realizador argentino Alejandro Montiel regresa a la dirección con Perdida (2018), una coproducción entre Argentina y España filmada en Buenos Aires, San Martín de los Andes y en las Islas Canarias, basada en la novela Cornelia, de Florencia Etcheves, editada en 2016. El sexto largometraje de Montiel fue adaptado por el propio director junto al experimentado guionista Jorge Maestro y Mili Roque Pitt, que trabajó en el guión de El Desafío (2015) y Extraños en la Noche (2012).

El film narra la obsesión de una oficial de la policía, Manuela Pelari (Luisana Lopilato) por la recuperación de chicas secuestradas por las redes de trata de personas, producto de la culpa por la desaparición de su mejor amiga, Cornelia, durante un viaje de estudios en su adolescencia en los bosques de la Patagonia. Catorce años después Manuela descubre nuevas pistas sobre el caso y presiona al comisario de su seccional (Rafael Spregelburd) para que lo reabra y le permita investigar la conexión con una prostituta española y su socio.

El pilar del relato es la narración de la investigación a partir de la necesidad de Manuela de cerrar un capítulo traumático de su vida que ha marcado todas sus decisiones desde esa época, incluida la de convertirse en policía, justamente bajo la protección del mismo oficial asignado años atrás a la investigación del caso de la desaparición de su amiga, Cornelia Villalba. A nivel narrativo el film resulta demasiado previsible y deja cabos sueltos por doquier o los resuelve a medias sin realizar un desarrollo cabal que concluya los capítulos y ejes narrativos que se relatan. Por otra parte, la obra incluye una gran cantidad de personajes secundarios sin justificación ni preámbulo dejándolos a la deriva en una historia que cada vez se vuelve más enrevesada y caótica, producto de los errores que dejan expuesta la narración

La actuación de Lopilato es inverosímil y fluctuante, no conformando en las escenas más dramáticas ni en algunas escenas anodinas, pero tampoco está desnivelada con respecto al resto del elenco, que tampoco logra levantar el nivel de las interpretaciones, salvo en el caso de Amaia Salamanca, que otorga una gran actuación a puro carisma muy lejos de la media de la propuesta. La fotografía a cargo de Guillermo Nieto, responsable de No Dormirás (2018), es muy buena y la dirección de Montiel es correcta en términos generales, pero el opus se pierde demasiado en los detalles de la novela, extendiendo la duración exageradamente en una película que no lo demanda, con demasiadas cuestiones secundarias que terminan minando la coherencia interna del relato sin aportar realmente nada a la coherencia interna de la narración.

Si Perdida mantiene un nivel irregular en la mayor parte de su duración, la conclusión de toda la historia realmente destruye todo lo que el film había construido en su nudo narrativo con una resolución que desanda toda la complejidad con una simpleza apabullante e incoherente para con toda la propuesta. Así la obra de Montiel no consigue realmente traducir la novela de Etcheves al formato cinematográfico ni crear una historia sobre la trata de personas ni sobre la prostitución que rasgue más allá de la superficie una cuestión mucho mejor trabajada en otras películas centradas más en la construcción de una historia de la trata que en el intento de posicionar a una actriz.